Periodismo

En esta página podrás leer fragmentos de algunos textos -sobre Nueva York y otros tópicos- que escribí en los últimos años. Encontrarás reportajes y pequeñas crónicas de diario publicadas por El Universal e historias, perfiles  y reportajes escritos para Letras Libres, Etiqueta Negra, Gatopardo y Travesías.  Puedes leer los textos completos si  vas a CATEGORY  CLOUD  (la nube a la derecha de  la página con distintas categorías en azul) y haces click en Crónicas de diario y en Crónicas de revista.

 

 

Un equilibrista de platos en Manhattan

Etiqueta Negra tengo hambre 

 Este texto fue publicado por la revista peruana Etiqueta Negra. Julio Villanueva Chang, director de la revista, deseaba publicar un perfil sobre la idea universal de lo que es un camarero, sin caer en estereotipos, clichés y cosas comunes. ¿Qué cosas extraordinarias podrían revelarnos los personajes detrás de las charolas repletas de platos? Para averiguarlo, leí tres libros y conversé con más de veinte meseros en Nueva York.

Un camarero en Manhattan no transporta platos de comida: es un actor que simula sonrisas al cliente mejor que nadie, un consejero amoroso cuando las cosas no van bien en la mesa y un improvisado psicólogo para comprender a la terrible familia que encierra un restaurante: el cocinero que nunca acepta errores, el cantinero insoportable que es el guapo de la película, los clientes que protestan más de la cuenta y un propietario que no se tocara el corazón para explotarlo. Un camarero será el saco que todos golpean, pero también el bolsillo que todos engordan: en diez años puede ganar una fortuna en propinas. Sólo de las propinas de todos los camareros de Estados Unidos se podría pagar en un año la deuda externa de Venezuela o financiar veinticinco programas de las Naciones Unidas contra la pobreza.

 Un perfil de Wilbert Torre.

Un camarero tiene buena memoria, pero ha sido entrenado para olvidar: Henry Aguilar no recuerda bien la noche en que el ex presidente Clinton llegó a cenar al restaurante donde trabaja, pero sí otro día en que entraron unos agentes federales. Aguilar es jefe de camareros del Ducasse at Essex House, un sofisticado restaurante en Manhattan donde una botella de vino puede llegar a costar doce mil dólares. Aquel día había sido normal hasta que recibió la orden de permitir que ese grupo especial de agentes entrara a inspeccionar el restaurante. No recuerda cuántos eran. Sólo que se comportaron sin ninguna cortesía: entraron en la cocina, rastrearon por los rincones, miraron bajo las mesas, fisgonearon detrás de los cuadros. Aguilar no tenía ninguna «reservación especial» para esa noche, excepto la de un millonario neoyorquino y sus invitados. Un minuto después de que se marcharon los agentes, un hombre con la cabeza cubierta por una capucha entró en el salón. Caminaba a ciegas, a trompicones, auxiliado por sus guardaespaldas. Recién cuando llegó a su mesa se descubrió: era uno de los hombres más amenazados del mundo. El primer ministro de un país en guerra del Medio Oriente.

Texto completo en la categoría: Perfiles
 

Los Premios Nobel de la risa

(dan que pensar)

 
Este es el reportaje Los Premios Nobel de la Risa que escribí para la revista peruana Etiqueta Negra. Julio Villanueva Chang me pidió pasar algunos días con Marc Abrahams, el matemático de Harvard que se toma con una seriedad científica la misión de rastrear y premiar a inventores y científicos cuyo trabajo no merece guiños y aplausos de la ciencia más aburrido y formal.

 

PREMIO NOBEL 2

Texto completo en la categoría Reportajes.

 

El Newseum, una provocación

a los sentidos

Letras libres newseum

 

Este es un texto publicado por la revista Letras Libres acerca del Museo de la Noticia en Washington DC.

AGOSTO DE 2008 Periodismo

Newseum/Wilbert Torre

La mayoría de los museos suelen ser  espacios   de prohibición donde nada se toca, poco se habla y apenas se escucha. El Newseum de la capital de Estados Unidos es una provocación a los sentidos. Podría ser también una demostración de poderío: tal vez no es una casualidad que en el país que posee más periódicos, televisoras, revistas y estaciones de radio en el planeta, el museo dedicado a la noticia se levante con cierta arrogancia entre la Casa Blanca y el Capitolio.

 

Texto completo en la categoría Historias de revista

Este texto fue publicado en la edición de septiembre 2008 de Gatopardo y reproducido por la revista semanal de El Mercurio de chile.

                    El Cuauhtémoc de Obama

 

Temo cesar chavez

Cuauhtémoc Figueroa en su oficina de dirigente sindical. A sus espaldas, dos figuras íntimamente ligadas a su biografía: Zapata y César Chávez

Es un domingo de verano y en el sótano del hotel Renaissance de Washington DC se asoman las huellas de una batalla. Sobre unas mesas hay banderitas de los Estados Unidos y los rostros de Barack Obama y John McCain sonríen desde algunos folletos olvidados. Ambos vinieron dispuestos a pelear el voto de 7 mil latinos congregados en una conferencia nacional.

 

 Texto completo en la categoría Historias de revista

 

Nadie conoce a nadie

 

Este es un reportaje que escribí para Etiqueta Negra.  La idea era retratar a Nueva York como la ciudad más vigilada del mundo en donde estar en el lugar equivocado, en el momento equivocado, puede ser suficiente para morir.

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NADIE CONOCE A NADIE

 

Alguien va a morir en Nueva York.

Por Wilbert Torre.

Christopher McCarthy, un turista que venía de Texas y caminaba junto a su novia por las calles de Manhattan, acababa de visitar el Museo Guggenheim y decidió que era un día hermoso para pasear por Central Park, sólo que cometió un error: se equivocó de tren y llegó con su novia hasta Harlem, en la calle 125. Para regresar al parque, hicieron el trasbordo en el último vagón de la línea C que corre sobre la avenida Central Park West, y, cuando el tren se aproximaba a la estación de la calle 110, un desconocido sentado frente a ellos se lanzó sobre McCarthy. Lo golpeó y, cuando las puertas se abrieron, huyó del vagón. Eran las tres de la tarde con cuarenta minutos del martes 13 de junio de 2006. «Ese hombre no dijo una sola palabra. Sólo saltó encima de mi novio, lo atacó y se marchó», dijo la novia de McCarthy, interrogada después por la Policía. Christopher McCarthy pensó que había sido sólo un golpe, pero sintió algo caliente en su pecho, una herida profunda causada por un cuchillo que le había cortado la aorta y alcanzado el corazón.

Para ver el texto completo ir la categoría Historias de revista.

 

Esta es una crónica que escribí para la revista Travesías, acerca del barrio indio de Nueva York.

 

Travesias foto Mil y una noches de Queens.

Las mil y  una  noches de Queens

Wilbert Torre.

Nueva York.- Alí es dorman de un edificio en el Upper East Side de Manhattan. Rebasa los 50 años, es amable, dulce con los niños y es musulmán. Nunca bebe ni come cerdo y no lleva guantes como lo hacen los porteros de los edificios más elegantes de la ciudad. Siempre viste un viejo saco azul con un logotipo inútil en la solapa. Trabaja toda la semana y espera con ansiedad el séptimo día, cuando se mete al subway sin importar si es invierno, ni esa asma crónica que lo persigue desde pequeño: cuando desciende en la estación 74 de Queens, Alí se transforma.

          «Fuera de mi país no existe un mejor lugar en el mundo que la Pequeña India de Queens», me dijo con la sonrisa de un niño vestido para el paseo dominical. «Este barrio es increíble. Es como regresar a casa y a las calles de mi infancia», exclamó Alí, un inmigrante nacido en el este de la India, con sus gafas color cereza bailádole en la punta de la nariz.

Comprendí lo que Alí me dijo cuando caminé por primera vez las calles de la Pequeña India de Nueva York. Era un jueves de finales de enero y el frío atacaba con furia: te paralizaba los dedos si no llevabas guantes. A pesar del clima, la Pequeña India parecía un lugar cálido, encantador y diferente a cualquier otro espacio étnico que hubiera visitado antes.

Si el Barrio Chino de Manhattan es un mundo único con sus calles abarrotadas, sus tiendas coloridas, sus pescaderías al aire libre y esos exóticos patos rojos que penden en las vitrinas transparentes, el barrio indio de Nueva York compite con méritos: es un planeta en escala, con sus abuelos de barba blanca y turbante detenidos en las esquinas, sus mujeres envueltas en coloridos saris de seda, su música punjabi flotando en las calles y esos restaurantes que despliegan ollas rebosantes de curris amarillos, anaranjados y color pistache.

Para ver el texto complero ir a Historias de revista.

 

Reggaeton, la epidemia

que invadio Nueva York

 

Esta es una crónica publicada por la revista Gatopardo, tras una pasarela alegre y divertida por los antros, estaciones de radio y algunos de los reggaetoneros más populares de la Gran Manzana

reggaeton

Por Wilbert Torre

 Eran las 12 de la noche de un domingo de verano y sobre la Quinta Avenida de Nueva York, en el Flatiron District, un barrio de edificios góticos, cafeterías y tiendas de moda, Un racimo de mujeres en tacones altos caminaba con prisa y se detenía en la esquina de la calle 22. Había una larga fila de veinteañeros que hablaban con escándalo. Diez minutos después, las chicas estaban en el Deep Club, un salón del tamaño de un gran almacen. “¡This is crazy, this is a gozadera, mami!”, sonrió la menor, una linda mulata de 18 que mezclaba palabras en inglés y español. La pista de baile estaba asfixiada por decenas de parejas y numerosos grupos de cuatro y cinco mujeres que bailaban pegadito, tomándose por la cintura. Se rozaban los pechos y alternaban pasos hacia atrás y adelante, formando trenecitos en un contoneo en el que las manos tocaban piernas y gluteos con una sensualidad descarada. Sobre las mesas había charolas color plata con botellas de champan que sudaban sumergidas en hielo. No era el renacimiento de alguna mítica discoteca neoyorquina de los ochenta, sino uno de esas clubes que se repletan hasta el amanecer. Dos bocinas del tamaño de un muro reventaban un ritmo sincopado: ¡Boom-pam-pam-pam-boom!, y arriba de la pista, desde una cabina elevada, un DJ boricua con gorra de beisbolista gritó: ¡Estamos listos Nueva Yoooooork! ¿Que quiere Nueva Yoooooork? La multitud alzó los brazos y un coro respondió casi con furia: ¡Reggaetoooooon!

Texto completo en la categoría Historias de revista.

 
El Metro de Nueva York,
un planeta de músicos y cantantes

 
 
 
 
Natalia Paruz, Astor Place, himnos metálicos.

Natalia Paruz, Astor Place, himnos metálicos.

Por Wilbert Torre/El Universal.

NUEVA YORK.- En Nueva York hay de pandillas a pandillas, y existe una que todas las mañanas toma por asalto el metro. Sus miembros traspasan los torniquetes de acero sin ser revisados por la Policía, sin importar que lleven a la espalda equipajes en los que podría caber un fusil. Son cerca de 150 y están distribuidos tácticamente en todas las rutas: es la banda fundada hace dos décadas por los artistas y músicos del metro.

La Gran Manzana es un festival ambulante de artistas que desembarcan todos los días en busca de ganar dólares. Pero hay un grupo privilegiado que cuenta con el aval del gobierno de la ciudad: “Música bajo Nueva York”, formado por guitarristas brasileiros, tamborileros africanos, organistas chinos, violinistas austriacos, acordionistas rusos y una mujer israelí que toca una sierra de metal.

Texto completo en Crónicas de diario y en NY en un bocado

Pan de muertos neoyorquino

 
 
 
 
Muertos mexicanos, museo del Barrio en NYC

Muertos mexicanos, museo del Barrio en NYC

Wilbert Torre/El Universal

Jueves 02 de noviembre de 2006

NUEVA YORK.- La iglesia de Saint Marks, en el corazón del mítico Greenwich Village, tiene un modesto panteón con lápidas en un jardín descubierto que ayer olía a incienso y flor de cempasúchil.

Un neoyorquino se arrodilló y, en medio de un borrego de azúcar y una flor color calabaza, colocó la fotografía de un amigo entrañable: “¡Gracias por todo, Calisco!”, escribió sobre el marco que reflejaba la cara de un gato moteado, que parecía sonreír.

Una mujer depositó un chocolate y en un papel amarillento garabateó a una amiga que ya no pudo ver: “Lo siento, no pude llegar a decirte adiós. Nos vemos en la otra vida. Con amor, Wolfie”.

Nueva York está lleno de fantasmas mexicanos, miles que no existen en este país porque no tienen documentos, pero ayer la Gran Manzana recibió a otro tipo de espectros: Las catrinas y las calaveras de cartón y azúcar que bailaban en los altares de un Día de Muertos con tonalidades neoyorquinas.

Texto completo en Crónicas de diario.

One thought on “Periodismo

  1. AUGUSTO CRUZ

    SALUDOS, SOY ESCRITOR Y GUIONISTA EN TAMPICO, MEXICO, LEI UN MUY BUEN ARTICULO SUYO SOBRE EL MISTERIOSO SEÑOR MARTINEZ, Y ME GUSTARIA PONERME EN CONTACTO CON USTED. SALUDOS

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