Category Archives: Crónicas de revista

Crónicas publicadas en distintas revistas y periódicos.

Martín Caparrós: las recetas de un escritor

Martín Caparrós, recetas de un escritor, Esquire, 28 de enero.

Aficionado a la cocina y viajero incansable, Esquire habló con él sobre comida, música, muerte y del tiempo actual.

Por: Wilbert Torre | Fecha: 28/01/14

Martín Caparrós: Las recetas de un escritor

ESQUIRE: ¿Cómo recuerdas tus primeros acercamientos a la cocina?

MARTÍN CAPARRÓS: He dicho como un chascarrillo que le agradezco a la dictadura militar por obligar a mi madre a aprender a cocinar, porque fue una época en la que tuvo que quedarse en casa. Yo me había ido en el 76 a Francia, así que sólo pude disfrutar sus enseñanzas cuando volví a la Argentina.

ESQ: ¿Qué cocinaba tu madre?

MC: Todavía cocina cosas que me gustan, como un plato muy nuestro: el matambre a la leche, un trozo de carne de vaca que se deja en leche cuatro horas.

ESQ: ¿Te gusta la cocina como experimento?

MC: Me gusta cuando se experimenta con la comida como cuando se experimenta con cualquier cosa. Por definición, un experimento puede salir bien o mal y de eso se trata. Me interesa la gente que trata de inventar algo. Yo no lo sé hacer, pero de vez en cuando los cocineros reinventan cosas que los que cocinamos en casa no podemos hacer, porque no tenemos la técnica o los instrumentos.

ESQ: ¿Qué es lo más extraño que has comido en tus viajes?

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Los habitantes de la mansión Macveagh

Los habitantes de la mansión MacVeagh

La mansión Macveagh en Washington DC.

La mansión en la que Carlos Fuentes pasó parte de su infancia en la capital de Estados Unidos. Su padre era un diplomático mexicano. Aquí, en el mural de Roberto Cueva del Río, Fuentes es el niño de sombrero, el primero a la izquierda.

Wilbert Torre.

 

Washington. – En la parte noroeste de Washington, en la calle dieciséis, un camino arbolado que conduce a la Casa Blanca, se levanta Columbia Heights, un vecindario con pasado aristocrático que en años recientes mutó en un alegre y ruidoso vecindario de familias negras y Latinas. Justo ahí se encuentra una esquina con frecuencia inadvertida de México: una mansión con pisos de madera, techos altos con candelabros de cristal de baccarat, un órgano con filos en oro de 14 kilates y un desfile de coloridos murales que se extiende sobre muros gigantescos. Es una vieja de cien años que esconde una pila de historias de tiempos remotos.

La Mansión MacVeagh tiene ese aire de misterio que envuelve a las casonas antiguas y una historia que por décadas permaneció extraviada en un limbo gris y desconocido, entre la desmemoria oficial, testimonios, cartas y fotografías inéditas y archivos dispersos. Es un pasado laberítico cruzado por episodios del México revolucionario; la era del nacionalismo cardenista; el florecimiento del muralismo mexicano; la amenaza de una nueva guerra con Estados Unidos; la sospecha de  una mácula ligada al conservadurismo de los años cuarenta, y en estos días el resurgimiento de la cultura mexicana en el mundo.

Un deseo de millonarios la construyó en 1910, en el estallido de la Revolución Mexicana; años después se convirtió en la Embajada de México en Estados Unidos y más tarde en el Instituto Cultural Mexicano en Washington. En estos días es un edificio gris, elegante y masivo, como un elefante soñoliento en una esquina de la capital de los Estados Unidos. Continue reading

El pirata que soñó con liberar México

Irándés, pirata, aficionado al peyote, ficcionista supremo y libertador de México dos siglos antes que el cura Hidalgo, Guillén de Lampart fue quemado por la santa inquisición en las calles del centro de la ciudad de México. Se le acuso de ser astrólogo y declararse rey de los mexicanos para entregar el reino a los portugueses.

Esta es una fantástica historia que nos cuenta en esta liga Antonio Ramos revillas (autor de El Cantante de Muertos/Almadía).

Don-Guillen-de -lampart-inquisición-Ángel de la Independencia-México

Don Guillen de Lampart fue irlandés, aficionado al peyote, ficcionista supremo, pirata y rey de los mexicanos.

El día que la nieve devoró Washington

Escenas de una ciudad de nieve.

Ha nevado sin cesar cuatro de los últimos siete días. La noche del martes, a través de la ventana, todo lo devoraba la nieve: los autos, la calle, los techos de las casas, los árboles, las madrigueras de las ardillas, las pistas del aeropuerto. No había sol ni sombras y todo lo dominaba un blanco absoluto, como un río inabarcable de espuma. Continue reading

La verificación de datos en The New Yorker

 

LOS DATOS

EL PROCESO DE VERIFICACIÓN EN THE NEW YORKER

Este libro digital editado por la Asociación de la Prensa de Aragón y el Congreso Nacional de Periodismo Digital, recoge la intervención de Andy Young en la séptima edición del congreso, celebrada en Huesca los días 2 y 3 de marzo de 2006.

ASOCIACIÓN DE LA PRENSA DE ARAGÓN

CONGRESO NACIONAL DE PERIODISMO DIGITAL

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COMPROBANDO LA EXACTITUD DE LOS DATOS

Por Fernando García Mongay

Director del Congreso Nacional de Periodismo Digital

Un verificador de datos es una persona que se ocupa de comprobar la ve-rosimilitud de lo que se publica en un periódico o revista. La principal pre-ocupación de un verificador es cerciorarse de que lo que ha escrito el pe-riodista tiene un respaldo documental o testimonios de personas que acre-diten que lo que aparece en el artículo podría pasar con éxito la prueba de una demanda en un tribunal de justicia.

Aunque pueda llamar la atención a los lectores de periódicos y revistas, no existe un oficio de tanta precisión en el periodismo español. En la prensa española se ha desterrado a los correctores y es difícil encontrar a editores que, en el sentido anglosajón del término, ayuden al periodista a contar una historia al lector.

 

Después de asistir al taller que Jon Lee Anderson impartió en 2005 en Huesca, saqué la conclusión de que el departamento de verificación de datos de la revista The New Yorker era como una ladilla para el periodista. Además del pequeño insecto que, como explica el diccionario, vive y se reproduce con facilidad en las partes vellosas del cuerpo, ladilla se emplea también para referirse a una persona o cosa muy fastidiosa. Porque, es necesario reco-nocerlo, a ningún periodista le gusta que hurguen en sus libretas y mucho menos que llamen a sus entrevistados para preguntarles si efectivamente dijeron tal o cual cosa.

Sin embargo, después de conocer a Andy Young, creo que los veri-ficadores de datos aportan un valor añadido al periodismo de calidad y con su trabajo convierten cada artículo en una pieza mucho más precisa. Tal vez no sean, como explicó Andy en su intervención en el Congreso de Huesca, los mejores aliados de un poeta, pero sí que resultan muy útiles para el lector que difícilmente encontrará errores y faltas de veracidad en los testimonios que aparecen en los artículos de las revistas y periódicos que emplean veri-ficadores.

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Ciudad Juárez y la mirada anestésica de Yuri Herrera.

 

En estos días los periódicos y las revistas y los libros se tapizan de las mismas imágenes violentas, los lugares comunes de siempre, los clichés  de los narcos y su mundillo y de tanto replicarlo y tan impostadamente, el lenguaje del narco y sus habitos y sus vicios y sus exabruptos pierden sentido. Así que en medio de esa caricatura global en la que casi todo es lo mismo, con ligeras variaciones, de pronto aparece esto que me encontré googleando Yuri Herrera y es como si de pronto apareciera un páramo en medio del caos. Es un relato, una crónica, un ensayo pasado por tragos de bacardi en el que las protagonistas no son las mujeres, las prostitutas, los narcos, los chulos, los policías gandallas, sino las cantinas de la ciudad. Lo más notable del texto es que se ve a leguas que no es una narración más de Ciudad Juárez de alguien que quiso escribir sobre Ciudad Juárez y sus mujeres asesinadas, Juárez y el narco, Júárez y su decadencia. Es la narración y la mirada afilada de alguien que se tomó la molestia de encontrar una rendija, un filo, una ventana diferente para escribir sobre todo lo que es Juárez, sin repetirse. Lo mismo que ocurre con sus dos extraordinarios libros:

Trabajos del reino

y

Señales que precederán al fin del mundo

 

Crónica de la alcurnia extraviada

Yuri Herrera
 
En el centro de una ciudad fronteriza, habitada por traficantes y asesinos de mujeres, no sorprende encontrar la más alucinante fauna nocturna. ¿Dónde se meten? Recorra sus antros en esta instantánea de la noche en Ciudad Juárez. 

El Malpensante N° 98

Junio de 2009

Pistear en lunes. Los viernes son para los maricas. Los bares del centro en Ciudad Juárez se dejan ver mejor al inicio de la semana. Uno encuentra en ellos solo a la Vieja Guardia, los fieles cuya garganta no sabe ayunar. Los antros afirman su carácter más claramente cuando no simulan esplendor y es posible verles el cansancio en las paredes y en las sucias luces entubadas y en su silencio.
Es una posta a mitad de la nada, el Paso del Norte, condenada a remendarse perpetuamente las cicatrices del acoso de las tolvaneras. Las cantinas atestiguan, cada cual a su modo, cómo se enciman el ansia de modernidad, la nostalgia por una alcurnia remota y la aspereza propia de un pueblo de traficantes. Por más de dos años las he visto pintarse y deslavarse y, por supuesto, entiendo muy poco, pero quiero creer que he presenciado una muestra de la resistencia juarita frente al desgaste, los hábitos que hacen perdurar la zona, el barniz que quiere dar distinción.
 

Un vecino singular.

  

Maki, Nicolás y Namika frente a la oficina Oval de la Casa Blanca. Esa figura difusa en la ventana del medio,  junto a la bandera de las barras y las estrellas, es el Presidente Barack Obama.

 

 Mi vecino el Presidente.

 

 La elección del primer presidente negro cambió a Estados Unidos y modificó al mundo entero.

¿Cómo se ha transformado el vecindario de la Casa Blanca con la llegada de su nuevo huésped?

 

Wilbert Torre

 

 Lo teníamos a unos diez metros de distancia, pero su figura espigada era inconfundible detrás de las ventanas transparentes de la Oficina Oval. Vestía un suéter azul y no cabía duda de que era él, aunque algunos se resistían a creerlo. Me parece que fuimos los primeros en avistarlo, porque unos segundos después de que Maki y yo comenzamos a discutir si era él, se nos unieron una docena de personas que empuñaron sus cámaras digitales, apuntaron hacia los cristales y comenzaron a disparar con desenfreno, mientras exclamaban “¡Wooooow!”, invadidas por la emoción. Observaban la escena con cierto arrobo, hasta que un grito las sacudió. “¡Atrás!”, ordenó un gigante negro del Servicio Secreto a quienes intentaban regresar unos pasos para acechar. “¡Atrás!”

Nicolás, que caminaba dando tumbos haciendo suertes de malabarista con su sombrilla roja en las manos, preguntó: “¿Dónde? ¡No le veo!” Y justo en ese momento, él se incorporó del sillón, se asomó por la ventana y levantó la mano derecha para saludar a quienes pugnaban por un espacio como una parvada de pájaros escandalosos en primavera.

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