Author Archives: Wilbert Torre

About Wilbert Torre

Wilbert Torre vive en Washington DC con su esposa y sus hijos mexico-japoneses-gringos. Vivió en Nueva York algunos años (no ha podido ni ha querido olvidarse de la Gran Manzana) y ahora vive en Washington DC. Durante muchos años fue cronista de política en varios diarios mexicanos (Reforma, El Universal, La Crónica), hasta que hace no mucho tiempo decidió dedicarse a escribir las historias que siempre había deseado. Es corresponsal de la revista peruana Etiqueta Negra y sus textos han aparecido en Letras Libres, El Mercurio de Chile, Gatopardo y Travesías.

De cábalas y arqueros.

POR: Wilbert Torre/ Especial
10 de Julio de 2014
 Excélsior.
Van por su tercera Copa del Mundo. Foto: Quetzalli González

CIUDAD DE MÉXICO, 10 de julio.

No hay argentino –o argentina– que no sea cabalero y apasionado y nervio puro cuando de futbol se trata. Estelia, una abuela hincha del Velez, tiene todos esos atributos o defectos, con un añadido importante: en semifinal de duelo de arqueros, ella estuvo casada con un portero, uno grande, un gran cabalero.

“Dios, no por favor” dice la abuela Estelia. Ella heredó la cabalería del marido y está parada en un rincón de la embajada argentina en el DF, a un lado del monitor, el mismo espacio donde miró todos los partidos previos. Hunde la mirada en las manos. No verá los penales.

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Un mercado Fashion.

‘Un mercado fashion, rebanadas de irrealidad’, por @wilberttorre

En México se ha confundido comer bien con comer presuntuoso

Wilbert Torre / @WilbertTorre

8 DE JULIO 2014

Me encantan los mercados. Me gusta el colorido de las frutas en los jacales, la carne fresca y los pescados cristalinos sobre las charolas, y el golpe seco de los cuchillos al golpear la madera.

Hace unos días visité el Mercado Roma de la calle Querétaro, a unos pasos de la avenida Insurgentes, una nave moderna repleta de pequeños locales. Estaba nublado y pese a que hacía frío en los pasillos se apretaban hombres y mujeres vestidos de domingo Polanco –chaquetas deportivas y jeans de marca, gafas de sol, relojes ostentosos y bolsas de diseñador– que empuñaban copas de champaña burbujeante con jugo de naranja.

Los locales son pequeños y vistosos, con los nombres grabados en espejos de aluminio y menús con ilustraciones de diseñador, sin precios a la vista, tal vez porque el precio no importa. Un hombre castaño enfundado en una filipina de chef despachaba tlacoyos de frijol y gorditas de chicharrón. Otro dependiente preparaba unos microtacos de barbacoa y al fondo un negocio servía cochinita pibil.

Uno suele ir a un mercado en busca de sasón, sabor casero y precios módicos, accesibles para todos –para todos–. Para el taxista, la secretaria, el estudiante, el burócrata, el abogado y el periodista.

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PAN: El pasado para salvar el futuro.

CIUDAD DE MÉXICO, 12 de mayo.- “¿Por qué me tomas el pulso?”

Los labios pálidos de Luis H. Álvarez forman una media luna que se refleja en los ojos de una panista joven que le acaricia las palmas de las manos. Con los pulgares como flechas apuntándole al pecho parece registrar el ritmo de la sangre que corre por sus venas.

“¿Quieres saber si aún estoy vivo? ¡Estoy feliz de estar aquí, en el partido!”, dice Álvarez con una voz clara y firme de 94 años.

Entonces resulta inevitable preguntar al panista más viejo sobre la Tierra:

—¿Qué necesita el partido para seguir vivo, don Luis?

Álvarez posa erguido para la octava fotografía desde que llegó hace cinco minutos al edificio nacional del PAN. Es una efigie alba y sólida, la estampa de un torero envejecido y aún fuerte, realzada por un saco holgado que lo hace lucir más grande de lo que es.

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¿Por qué me hace esto el presidente Salinas? Colosio tres días antes de morir.

 24/03/2014 05:40 Wilbert Torre/ Especial

 Tres días antes de morir se derrumbó en un sillón y le dijo a su amigo: “¿Por qué me hace esto el presidente Salinas?

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CIUDAD DE MÉXICO, 24 de marzo.- Tres días antes de morir, un domingo por la noche, Luis Donaldo Colosio llamó por teléfono a uno de sus mejores amigos. Había asistido a una reunión con obispos y viajaba en una camioneta acompañado por el mayor Germán González Castillo, jefe de ayudantes, y José Luis Soberanes, su compadre.

 Cuando llegaron a una casa en las Lomas, un sitio familiar para su escolta, salió del vehículo y detrás de él, Soberanes.

—Aquí me quedo—, dijo Colosio extendiéndole la mano, con esa parquedad suya tan norteña. Soberanes se despidió, abordó otro vehículo y se fue.

El candidato entró a la casa donde lo esperaba su amigo, un hombre diez años mayor que él. La suya era una amistad de apenas cuatro años, pero llena de intensidad: se había mantenido muy cerca de él, ocupando altos cargos en el Comité Ejecutivo Nacional del PRI y en la Secretaría de Desarrollo Social.

No formaba parte del equipo de campaña. Era su consejero e influía en decisiones importantes, incluido el siempre complicado reparto de cargos alrededor del candidato. Unas semanas antes habían desayunado. El hombre se percató de que Colosio llevaba un reloj Casio en la muñeca.

—Ya estuvo de salinismos, Donaldo, quítate ese reloj.

 

—¿Y qué quieres que me ponga?

—Ponte éste –se llevó la mano a la muñeca, liberó la correa y le extendió un Patek Philippe–.

El hombre recuerda que el domingo previo al atentado, Colosio entró a su casa y no se sentó: se desplomó en un sillón. Respiró con fuerza y dijo:

—¿Por qué me hace esto el presidente Salinas?

Colosio no dijo nada más y él no se atrevió a preguntarle a qué se refería.

Conversaron un rato y se despidieron.

Fue la última vez que lo vio. Continue reading

Los panistas no son animales políticos: Rodríguez Prats

 09/04/2014 05:45 Wilbert Torre

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Juan José Rodríguez Prats afirma que Felipe Calderón inauguró en el panismo algunas de las peores prácticas del PRI.

Juan José Rodríguez Prats afirma que Felipe Calderón inauguró en el panismo algunas de las peores prácticas del PRI.

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CIUDAD DE MÉXICO, 9 de abril.- Tú vives de la política —le recriminó Diego Fernández de Cevallos.

—Y tú vives del litigio —se defendió Juan José Rodríguez Prats. Tu peor pecado —reclamó al jefe Diego— es mantenerte lejos del PAN. Le debes todo lo que has sido.

Ese diálogo, ocurrido hace algunos años, retrata el drama del PAN: la falta de políticos profesionales, advierte Rodríguez Prats, quien inauguró hace dos décadas una circunstancia aún no muy común en la política mexicana: en 44 años de carrera ha militado en los dos partidos que han gobernado México: el PRI y Acción Nacional.

“Como Diego, la inmensa mayoría de panistas son políticos de medio tiempo, les disgusta lo sucio de la política y se sienten impotentes ante esa realidad; son empresarios o abogados o académicos que no están dispuestos a dejarlo todo por la política”, subraya. En contraste, dice, “los priistas son políticos de riego: su vida es la política. Los panistas son de temporal”.

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Producciones Ponchito presenta…

Nadieconoceanadie, 8 de abril 2014, Máspormás.
Wilbert Torre

En enero, cuando escribía un perfil de Andrés Bustamante que publica este mes la revista Esquireel creador de Ponchito abrió su clóset para mostrarme su último disfraz: una peluca de patillas anchas, un sombrero Stedson y una panza de hule. ¡Ah!, y dos detallitos que olvidaba: un relojote de oro y un fajo de dólares.

Para crear a don Cuino Meléndez de la Popocha ­–un político cochinazo, de ahí el origen de su nombre­–, personaje de El crímen del cácaro Gumaro, su primera películaBustamante pensó en López Portillo y sus patillas anchas. En Fidel Velázquez y sus anteojos entintados esconde-intenciones. Reunió lo peor del político ignorante, abusivo, gandalla, corrupto, tramposo y buenísimo para los negocios. Se inspiró en políticos de los 70, pero esculpió un retrato actual de políticos priistas, panistas y perredistas del siglo XXI.

 Cuando El crímen del cácaro Gumaro se convertía en el séptimo mejor estreno del cine mexicano, el Frankestein político creado por Bustamante se materializó en Cuauhtémoc Gutiérrez, presidente del PRI en el DF, creador de una red de prostitución con dinero de los impuestos que tú y yo pagamos con sangre, sudor y lágrimas. Continue reading

Cuando el PAN mutó en la filosofía Pedro Infante

El senador Ernesto Ruffo sostiene que la crisis en la que está hundido el albiazul se debe a que existen grupos hegemónicos que controlan candidaturas que les aseguran continuidad en el gobierno

08/04/2014 05:51 Wilbert Torre

Ernesto Ruffo cuenta que cuando era alcalde de Ensenada, su manera “tipo mártir” de defenderse a cualquier costo le ganó proyección.

Ernesto Ruffo cuenta que cuando era alcalde de Ensenada, su manera “tipo mártir” de defenderse a cualquier costo le ganó proyección.

CIUDAD DE MÉXICO, 8 de abril.- Hace casi tres décadas, cuando el PAN festejaba medio siglo y Ernesto Ruffo ni se imaginaba que en unos años sería el primer gobernador no priista del país, en un edificio de Ensenada, Baja California, empezó a fermentarse la crisis que hoy tiene al PAN dividido, en el desprestigio, con un futuro incierto.

Ruffo no era, desde luego, el primer presidente municipal panista del país (antes fueron electos Víctor Correa Rachó en Mérida y Adalberto Rosas en Ciudad Obregón, entre otros), pero enfrentó un fenómeno que no había sido común entre los alcaldes surgidos del partido, un fenómeno que, está convencido, detonó décadas más tarde la peor crisis política, ética y moral en el partido.

“En esos años el PAN comenzó a mutar en el partido de la filosofía de Pedro Infante: donde comen cinco comen diez”, dice Ruffo. “Llegas desesperado y no preguntas: empujas, agarras. Peleas por un puesto en el gobierno”.

Tenía menos de un año en la alcaldía cuando empezaron a pasar cosas curiosas. Antes de que ganara, Ensenada tenía 120 panistas registrados. Unos meses después ya eran más de 600.

“En el PAN poco a poco comenzó a formarse esa actitud de ‘Vamos a protegernos porque la vida es tan precaria que mejor nos agrupamos como en familia para tomar posiciones en el gobierno’. Lo que podríamos llamar onda grupera”, explica.

En sus primeros días en la alcaldía descubrió a un viejo barrendero, don José, limpiando los pisos del ayuntamiento. “¿Qué hago con él?”, se preguntó. Lo nombró jefe del patio del estacionamiento municipal. Unos meses después, una tarde que salía de su oficina, el hombre lo siguió. Lo tomó del brazo y lo encaró.

—No luché tantos años para ser un jefe de estacionamiento
—le dijo—. Yo quiero un escritorio allá dentro. Continue reading