Martín Caparrós: las recetas de un escritor

Martín Caparrós, recetas de un escritor, Esquire, 28 de enero.

Aficionado a la cocina y viajero incansable, Esquire habló con él sobre comida, música, muerte y del tiempo actual.

Por: Wilbert Torre | Fecha: 28/01/14

Martín Caparrós: Las recetas de un escritor

ESQUIRE: ¿Cómo recuerdas tus primeros acercamientos a la cocina?

MARTÍN CAPARRÓS: He dicho como un chascarrillo que le agradezco a la dictadura militar por obligar a mi madre a aprender a cocinar, porque fue una época en la que tuvo que quedarse en casa. Yo me había ido en el 76 a Francia, así que sólo pude disfrutar sus enseñanzas cuando volví a la Argentina.

ESQ: ¿Qué cocinaba tu madre?

MC: Todavía cocina cosas que me gustan, como un plato muy nuestro: el matambre a la leche, un trozo de carne de vaca que se deja en leche cuatro horas.

ESQ: ¿Te gusta la cocina como experimento?

MC: Me gusta cuando se experimenta con la comida como cuando se experimenta con cualquier cosa. Por definición, un experimento puede salir bien o mal y de eso se trata. Me interesa la gente que trata de inventar algo. Yo no lo sé hacer, pero de vez en cuando los cocineros reinventan cosas que los que cocinamos en casa no podemos hacer, porque no tenemos la técnica o los instrumentos.

ESQ: ¿Qué es lo más extraño que has comido en tus viajes?

MC: Me gusta probar de todo. A los que creen que no tienen que probar los sospecho necios, y se pueden estar perdiendo lo mejor de su vida. Yo todo el tiempo creo que me pierdo lo mejor de la vida y sigo probando y probando. Lo primero que se me ocurre es quizás una víbora que comí una vez en Malasia: la abrieron delante de mí y le sacaron la sangre, porque lo que importa es la sangre, que se supone que es muy afrodisiaca. Los escamoles parecen normales por cómo los sirven, en una cazuelita, pero si te los trajeran con todo y hormiguero y hormigas, dirías: “Qué cosa rara que me estoy comiendo”.

ESQ: Ahora escribes un libro sobre el hambre en el mundo.

MC: Visité la India, Bangladesh, Níger, Madagascar, Argentina y Estados Unidos para contar qué es lo que le pasa a 900 millones que no consiguen la comida que necesitan. Traté de contar distintas situaciones y las vidas de estas personas para entender cómo y por qué sucede, cómo es que unos concentran todo lo que a otros les falta. Tres años de trabajo y un tema muy complejo porque todo se entrecruza: política, economía y formas de sociedad.

ESQ: ¿Puede uno traducir a una sociedad por lo que come?

MC: Son vínculos que uno construye, no es que existan en sí mismos. En Níger, 60 por ciento de la población no sabe si va a poder comer todos los días y no es una sociedad libre. Amartya Sen -Premio Nobel de Economía con el que no estoy nada de acuerdo- dice que en las sociedades democráticas no hay hambruna porque al difundirse que hay mucha gente hambreada, las sociedades presionan para que se les dé socorro. Curiosamente, él ha vivido en India, la mayor democracia del mundo y donde vive un cuarto de los hambrientos del mundo.

ESQ: En No velas a tus muertos, tu primer libro, y en la historia que escribiste en la antología Crecer a golpes, construyes relatos alrededor de la muerte. ¿Cómo ha cambiado tu percepción sobre ese tema?

MC: La diferencia es que No velas a tus muertos es una novela en donde aparece una generación dispuesta a morir por lo que pensaba. Mataron a muchos de mis amigos en esos años. Este último texto es una visión más amplia, un intento por reconstruir y entender por qué la muerte es un actor político tan importante en la política argentina. El último ejemplo claro es la muerte de Néstor Kirchner, cuando su esposa decidió reelegirse. En el momento en el que ella había perdido dramáticamente popularidad, muere su marido y eso le devuelve un apoyo suficiente para ganar. La única diferencia fue esa muerte que convirtió en mito al marido de la señora, y a ella en guardiana de ese mito. Los muertos siguen teniendo un peso definitivo en nuestra visión y la política y la sociedad y la vida.

ESQ: En La Historia, libro monumental, escribiste de monarcas que determinaban la forma en la que transcurría el tiempo. ¿Vivimos hoy el tiempo como en una novela?

MC: La actualidad cambia la forma del tiempo que vivimos. El tiempo de la modernidad era lineal: ir hacia adelante, hacer una carrera, concluir un proyecto, y había pocos desvíos. En cambio, la actualidad hace que el tiempo se descomponga. Es un tiempo más cubista donde uno mira el tiempo desde distintos lugares.

ESQ: ¿Te ha sucedido?

MC: ¡Todo el tiempo! Vivo en un lugar donde ahora son las 8:15. Tengo una amiga que vive en un lugar donde son las dos de la mañana. Mi hijo vive en un sitio donde ahora son las cuatro de la tarde y yo estoy al mediodía. Y estoy en contacto con todos ellos, y conmigo mismo acá, porque hay cosas que tengo que entregar en Buenos Aires y en Madrid. El tiempo ya no es uno. Es un tiempo cubista y raro que mira el objeto desde distintos lugares. El otro día me anoté en un papelito la hora de cada lugar porque pasé por acá el anterior fin de semana, la noche que cambiaba el horario. Venía de Barcelona, pasé por el DF unas horas camino a Cartagena y tenía un vuelo a Panamá a las seis de la mañana. Nadie sabía si mi vuelo era a las seis horas de antes o a las seis de ahora, y nadie podía decirme si llegaría a Panamá a las 11 de ahora o a las 11 de antes, lo cual era grave porque podía perder mi vuelo de conexión en caso de no llegar. Es el tiempo simultáneo que la virtualidad produce. Todos los días vivimos con tres o cuatro tiempos distintos.

ESQ: ¿Y qué tiempo dedicas a pensar?

MC: Pienso cuando camino. Doy vueltas y vueltas en las ciudades y se me ocurren cosas. Este mundo lleno de estímulos hace que sea muy difícil aislarte. Todo el tiempo estás vigilando el e-mail, y aislarte y pensar en esas condiciones es como una tarea monástica. Caminando puedo desconectarme de todo.

ESQ: ¿Escuchas música cuando escribes?

MC: Escucho música muy variada. Tengo diez mil canciones en iTunes y escucho lo que salga. Tengo muchas canciones: mucho jazz, bastante tango, rock clásico, música brasileira. Cuando escribo escucho música, pero no cuando corrijo. Tengo que escuchar la música del texto.

ESQ: ¿Qué libros persigues?

MC: Me interesan los libros que uno no puede definir. No me interesan las novelas que tienen su lugar preciso en el mercado y en la academia, esos libros llenos de notas al pie para los especialistas o esas crónicas que se limitan a contar sin tratar de pensar en lo que están contando. Me interesan los libros donde los géneros se confunden y el lector se queda intrigado, preguntando qué está leyendo.

ESQ: ¿Escribes con dolor o con gusto?

MC: Me produce un placer extraordinario. Creo que escribo porque si no lo hiciera estaría de pésimo humor. A veces me deprimo porque no me sale lo que quiero escribir, pero es de las cosas que más disfruto hacer en la vida y en la que pierdo la noción del tiempo.

 

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