Sicilia, Kapuscinscki, los cínicos y el silencio de la prensa.

Una reflexión sobre Sicilia, la caravana, Kapuscinski, los muertos en México y el silencio de Estados Unidos.

Los cínicos no sirven para este oficio. Nos lo dijo Kapuscinski cien veces. 

En estos días que Javier Sicilia ha recorrido con su caravana casi trenta ciudades de Estados Unidos en un mes, he visto y escuchado estas frases:

“¿Quién es Javier Sicilia? Pasó por Washington sin pena ni gloria, sin que ningun medio de comunicación le ladrara”.

“¿Sabes quien es Javier Sicilia? Tampoco lo sabía el Sherif Arpaio de Maricopa County y, la mera verdá, yo tampoco sé quien es ese buey pero sí sé que él sabe lucrar muy bien con la desgracia”

“Esto no cambia nada -decía un viejo reportero viendo a Sicilia marchando frente a la Casa Blanca– aquí es una macha más, sin importancia”.

Sicilia vino acompañado por madres que vinieron a contar sus historias (Araceli, contó que el asesino de su hijo, un policía federal, le confesó que lo mató con su propia pistola de un balazo en la cabeza, que llevó una sierra eléctrica, lo descuartizó, llevó gasolina, lo quemó, llevó ácido, lo redujo a cebo y dejó eso que quedo –y que se llevaron las lluvias– en un aguacatal. María contó que perdió a dos hijos en Michoacán en 2008 y cuando otros dos de sus hijos buscaban a sus hermanos, también desaparecieron). 

Sicilia hace un largo periplo y trae un mensaje, tal vez un poco desarticulado, sin que quede muy claro que propone hacia adelante. Sí ha sido muy clara su crítica feroz al sistema de ventas y legalización de las armas en EEUU y la forma en la que se ha torcido la segunda enmienda para poner en la calle armas de destrucción masiva que un vecino no usa para defender su patio, y en Estados Unidos ni él ni la caravana ha recibido atención de los medios norteamericanos, con excepción del Chicago Tribune. No sé si después, puede ser posible, el NY Times hará algún reportaje especial, como acostumbra hacer con este tipo de asuntos, pero hasta ahora no.

Entonces, ¿ese fracaso o el poco éxito de la caravana que advierten muchos debe ser atribuible a la caravana?

Sicilia vino a este país, estuvo acompañado por madres que perdieron a sus hijos que contaron sus historias –historias que ayer hicieron llorar a casi todos los presentes en un salón del Woodrow Wilson Center–, recorrió veinticinco ciudades, vino a la ciudad donde se toman las decisiones más importantes del mundo. ¿Qué más debe hacer para ser escuchado?

El otro dia un viejo reportero decía al ver a la caravana y a Sicilia marchando delante de la Casa Blanca: “Es una marcha más. Aquí esto siempre pasa. Esto no tiene trascendencia”.

Eso es justo lo que no debería ocurrir.

Kapuscinski decía que este, el periodismo, no es -o no deberia ser- un oficio de cinicos porque solo una buena persona se preocupa y se interesa por comprender a los demás. Gay Talese ha visitado durante meses y años a sus personajes y ha dicho que para él lo más importante es la compasión, es decir, entender la circunstancia del que tiene enfrente. Esa indiferencia, esa indolencia, esa forma de ver esto y otras cosas como normales o como si no importaran, es justo lo que deberíamos enfrentar. Es preciso combatir y desterrar el desdén, la insensibilidad, la poca importancia que se otorga a lo que está sucediendo en México, en Estados Unidos, que como decía ayer Sergio Aguayo solo es buen vecino cuando le conviene.

Ahora que los medios norteamericanos han otorgado casi ninguna importancia a la marcha de Sicilia, un movimiento cuyo propósito es hacer escuchar la voz de las víctimas y, como apuntaba ayer el propio Sicilia, mostrar el dolor detrás de la abstracción, no he podido dejar de recordar el triste, lamentable papel de los periódicos americanos tras los ataques del 11 de septiembre. Como lo ha dicho Yuri Herrera :

¿Algún día habra un mea culpa por la manera en que la prensa estadounidense renunció a su tradición critica para convertirse en repetidora de la propaganda del Ejecutivo? 

Entonces, por lo pronto aquí, en este tema, creo que es necesario ver las cosas en perspectiva: Sicilia -se le quiera, se le odie, se le soporte o no- vino a dejar un mensaje: *Se está incendiando nuestra casa, ya les está llegando el fuego a ustedes*. *No vengo a atacar la segunda enmienda, vengo a decir que la humillan al ponerla en manos criminales. Ustedes mismos se están matando* Vino, habló y la prensa estadounidense calló

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