Obama Latino en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara

 

Presentación del libro

 

                    Obama Latino

¿Podrá gobernar sin nuestro apoyo?

 

Sábado 5 de diciembre,

Feria Internacional del Libro

Guadalajara, Jalisco, México

Una conversación con Wilbert Torre (autor), Leon Krauze y Héctor Raúl Solís Gadea.

Agradecimientos al final del post.

 

Héctor Raúl Solís, coordinador académico de la Universidad de Guadalajara:

Del libro de Wilbert se puede comprender que algo más que un triunfo estuvo en juego en las pasadas elecciones.

Diría que el talento de Wilbert se acerca a eso que los sociólogos llaman interpretación interna del sentido de la acción humana. Es un intento de comprensión del sentido que tuvo el voto latino, pero va más allá de la simple elección y remueve fibras sentimentales, procesos de la memoria histórica que están presentes desde que los latinos comenzaron a organizarse desde los años sesenta.

Lo que hace Wilbert es introducirse en la vida de estos activistas, los Figueroa, que a su vez le relatan a Wilbert los ancestros de ellos y cómo fueron configurándose como un cuerpo y una familia y un clan dedicado a la lucha por los derechos, muy organizados en los sesenta y setenta alrededor de César Chávez, pero al mismo tiempo con vínculos ideológicos con Robert Kennedy y con Martin Luther King, de forma que lo que hace la campaña de Obama es sintetizar o condensar esa experiencia histórica, esa memoria que estaba ahí soterrada esperando que despertase a través de la presencia de un líder como Barack Obama.

Wilbert hace un trabajo de penetración, de convivencia cotidiana, viajes constantes, diálogos, entrevistas con los activistas, con este ejército de movilizadores de voto movilizados por Cuauhtémoc Figueroa y por otros líderes que se aglutinaron alrededor de la campaña.

El trabajo resulta en un ejercicio sui generis del periodismo porque permite conocer no sólo el sentir de los activistas en su vida cotidiana, la forma en la que se estaban organizando, sino además nos permite conectarnos con tendencias estructurales de la vida política norteamericana. Es decir, detrás de la acción de estos movilizadores del voto está presente la lucha histórica de cierta tendencia cívica y política de la sociedad norteamericana, está presente el eco del quehacer político de Bob Kennedy.

El marco histórico bajo el cual trabaja Wilbert es éste, de manera que la campaña de Obama podría leerse como una reverberancia, un eco, un reflejo, una expresión de estos procesos cívico políticos ocurridos desde los años sesenta y tal vez desde antes.

Llama la atención que uno de los personajes centrales de la campaña de Obama participó en la lucha de Bob Kennedy, Marshall Ganz, que un buen día había organizado a un grupo de activistas y movilizadores del voto mexicanos y habían ido a celebrar que el senador Kennedy había ganado en las primarias de California y llegaron a un hotel para felicitar al candidato y estaban a punto de entrar a saludarlo en un salón del hotel cuando de pronto escucharon escándalo y angustias y resulta que habían asesinado a Kennedy. El marco histórico de comprensión de la campaña de Obama está marcado por esa circunstancia. Marshall Ganz y otros estrategas abandonaron la lucha cívica-política desencantados porque la muerte de Kennedy representó la muerte de muchos ideales y aspiraciones de un sector de la sociedad norteamericana, el sector inspirado en la idea de la integración social que recoge, que incluye, que representa a los sectores minoritarios y desposeídos de la sociedad. Es decir, la perspectiva de Bob Kennedy es la perspectiva de una izquierda social incluyente que ahí quedo con su muerte soterrada esperando a que renaciera en algún momento.

Y lo que representa la candidatura de Obama es justo esta oportunidad de reconstruir este proyecto de integración social de la comunidad y mantener viva la aspiración igualitaria de la sociedad americana. De alguna forma también está expresado en el libro que la sociedad americana se mueve atravesada por tendencias a veces contradictorias, la tendencia republicana evidentemente expresa una preocupación en cierto momento más orientada a la promoción de los valores individualistas o de ley y orden que no necesariamente involucra el reconocimiento de los derechos de las minorías excluidas.

La candidatura de Obama representa la esperanza de volver a llevar a primer plano este tipo de preocupaciones por la solidaridad social, la inclusión, el empoderamiento de los ciudadanos. Lo que el texto de Wilbert nos relata no sólo es un recuento de la estrategia electoral. Es un libro que puede ser leído por mercadólogos y estrategas políticos con muy buen rendimiento, pero es también un libro de lecciones cívicas, porque la campaña no solo fue una estrategia electoral, diseñada para ubicar votantes claves en distritos estratégicos, con una gran estrategia muy inteligente y dirigida a capturar el voto de los delegados más que el voto popular y no solo es un relato fascinante de la derrota de Hillary Clinton que con más dinero diseño una campaña dirigida a ganar el voto de diversos estados, mientras Obama se concentra en el primer paso que es ganar la elección de Iowa y en una estrategia de infantería, de ir casa por casa, vecino por vecino, logra ganar ese primer punto que fue concluyente. Pero el libro no es solo el relato de esta estrategia exitosa en términos electorales, sino el relato de miles de ciudadanos que tuvieron la oportunidad de ser escuchados y contar sus historias frente al ejército de movilizadores y a través de esa narrativa espontánea estos electores se constituyen, por lo menos es la apuesta original, como un objeto cívico y político capaz de decir aquí estamos y queremos ser visibles y cruzar esa línea invisible de la que hablaba Renee Duvall, un eminente sociólogo de raza negra, uno de los padres de la teoría de la raza en Estados Unidos. No sólo queremos ser visibles, sino ser importantes, queremos ser ciudadanos de primera. Y esta lucha por ganar la elección para Obama es la lucha por salir de la condición de paria, de excluido, de un grupo social, fundamentalmente de los latinos. La gran apuesta de Obama es el voto latino que representaba 18 millones de electores que al final representó 13 por ciento del electorado. El diagnóstico que hace Obama es que era necesario el voto latino para ganar, pero insisto en que era más que el voto, que el cruzar por un determinado color partidista lo que estaba en juego, es el proceso de consciencia del electorado latino, de cobrar claridad de lo que representa en términos del peso político que tiene.

El libro narra esta historia, su sentido último es dar cuenta de este proceso paulatino, progresivo a través del cual los ciudadanos adquieren esta consciencia. Y como es, pues a través de contar las historias de cada quien, porque cada quien tiene una historia que contar porque es hijo o nieto de inmigrantes, o es madre soltera, y Obama logra convencerlo de que él también es como ellos, un ciudadano que nació ahí pero su padre era de origen africano y ha debido hacer muchas cosas y superar obstáculos para salir adelante. Entonces la campaña es este proceso de constitución de este sujeto político y cívico activo.

Finalmente la lección que nos deja este libro es que nos habla de una experiencia muy americana que se inscribe en las tensiones cruciales a partir de las cuales se define y debate el destino. Hanna Harem, estudiosa de la sociedad americana, diagnosticó que los Estados Unidos habían perdido su condición de espacio de libertad y participación que era el sueño de los padres fundadores y progresivamente se habían convertido en una sociedad de entes aislados dedicados al consumo material, dedicados al privatismo civil. Se ha perdido la libertad a manos de este aislamiento de los ciudadanos por virtud de los cual viven dedicados a su consumo personal y esto daña a la República.

La gran esperanza detrás de este movimiento que hizo ganar a Obama es que podemos pensar a partir de ellos en la posibilidad de reconstruir las bases cívicas, de participación, de virtud cívica y de involucramiento de los ciudadanos en la vida pública. Esa es la gran pregunta y evidentemente está detrás del subtítulo del libro. Obama requiere al electorado que lo llevó al poder para gobernar con eficacia y es una pregunta que dejaría a Wilbert, si a casi un año de haber tomado posesión Obama, podemos seguir pensando en que representa la esperanza para cambiar el rostro a la política norteamericana y para poder llevar adelante un programa de gobierno enarbolado por sectores que no son ya minoritarios, la conformación demográfica del país ha cambiado de manera que la agenda de esta coalición de minorías podría bien constituirse como una agenda de estabilidad y también para la vitalidad de la democracia.

Los invito a leer el libro porque más allá del interés propio en Estados Unidos, leer acerca de Obama y de lo que ocurre con este movimiento cívico nos dice mucho de lo que nos espera a todos los mexicanos y latinoamericanos, pensando en que tal vez haya coordenadas que vinculen o vasos comunicantes las luchas cívicas por la construcción de una república incluyente y virtuosa entre Estados Unidos y Las Américas.

Leon Krauze, escritor, director de la primera emisión de Hoy porHoy en W Radio:

Antes que nada agradecer a Wilber Torre, un hombre al que respeto y admiro, un hombre que comparte conmigo intereses, inquietudes, vocaciones. Mi reconocimiento por un libro ejemplar, difícil de publicar en nuestro país porque de manera increíble en México estamos obsesionados con los grandes temas de la agenda bilateral pero insistimos en una obstinación que a mí me resulta incomprensible, en no entender cómo se mueve la dinámica política en Estados Unidos y este libro ayuda mucho a entenderlo, así que mi reconocimiento también a la editorial Jus.

Recuerdo cuando vi por primera vez a Barack Obama y tuve la oportunidad de ser testigo de la historia en la convención demócrata de Boston, en la que había sobre todo una gran figura a la cual había que ir a escuchar, y con razón porque la verdad es que Bill Clinton sigue siendo un político de época. Nadie podía sospechar que un joven político de Illinois, un hombre de color, de origen mixto, hijo de una mujer de Kansas, blanca como la leche, dice Obama, y de un hombre negro como la noche, dice el propio Obama, iba a conquistar la convención esa noche. Y de ahí en más al mundo en general. Cuando lo vi por primera vez y escribí lo que había visto escribí que este hombre tenía todo el potencial para ser el primer presidente negro de Estados Unidos, pero también pensé que para que llegara a la presidencia se necesitaría un milagro, y la historia de Obama Latino, que Wilbert cuenta para nosotros, es la historia de un milagro, pero también la historia de un peligro.

Voy a empezar por el milagro: la mezcla de factores para que Obama llegara a la presidencia es un milagro sin duda. Mencionemos algunos: primero que nada el caos que dejó Bush, no cabe duda que buena parte del voto por Obama no solo fue por Obama sino en contra del legado de George Bush y qué bueno que así haya sido porque fue una presidencia catastrófica. Sin Bush no se entiende a Obama, increíblemente sin la derrota, que no lo fue, de Al Gore, Obama no hubiera llegado a la presidencia. Sin la derrota estrechísima de Kerry, gracias a los artilugios perversos de Karl Rove, Obama nunca hubiera ganado la presidencia. Los tiempos políticos no se hubieran dado. Los cimientos de campañas del siglo XXI que echó Howard Dean el candidato demócrata que en la elección previa generó mucho interés con su acercamiento innovador a las redes sociales para recaudar fondos de campaña fue un factor clave y desde luego la presencia de estos personajes que vienen desde el más profundo y recalcitrante sindicalismo estadounidense que es la parte más de izquierdosa diríamos en México del partido Demócrata, este sindicalismo que por cierto está opuesto a cualquier reforma migratoria y cosas que nos interesan en México, sin ese sindicalismo que es profundamente recalcitrante, Obama no hubiera ganado, y tampoco sin la presencia de estos activistas que habían estado invernando, como congelados a que llegara su momento. Y tampoco hubiera podido llegar Obama sin el propio Obama, un personaje profundamente carismático. En fin es una mezcla milagrosa de factores. Solo así se entiende que haya logrado Obama derrotar a Hillary Clinton frente a la maquinaria política más prodigiosa en el partido Demócrata desde la legendaria dinastía Kennedy y me atrevo a decir que la dinastía Clinton era más poderosa que la maquinaria Kennedy por muchos factores. Obama lo logró y además logró derrotar a un candidato republicano que no era el candidato más fuerte, pero precisamente por eso, por ser un candidato heterodoxo representaba riesgos importantes, un personaje que a mí me parece que tiene muchas luces y que es un hombre admirable en muchos sentidos.

Pensemos en el personaje que es protagonista de este libro, Cuauhtémoc Figueroa, para tratar de entender porque es milagroso, pero también para tratar de entender después porque podemos leer el peligro en esta mezcla milagrosa que llevó a la presidencia a Obama.

El famoso Temo es un hispano molesto, activo, es la antítesis de Obama desde el punto de vista minoritario. Obama construyó su biografía y es exactamente lo opuesto al Temo Figueroa en la comunidad hispana. Si Temo es una especie de toro calvo, da miedo el tipo, este hispano activo, enojado, Obama es lo contrario. Entendió desde pequeño que para calmar los nervios y los temores de los blancos, entre ellos su propia abuela, tenía que ser un hombre negro más moderado, más tranquilo, más suave y conciliador que el más suave, moderado y conciliador de los hombres blancos. Así que es exactamente lo contrario Obama a Temo Figueroa, receloso del poder empresarial hasta la ignominia. En uno de los pasajes más apasionantes del libro Wilbert nos cuenta que como en la familia Figueroa el patrón es el enemigo. (Fragmento de la presentación de León Krauze que estará completa y actualizada en los próximos días).

Agradecimientos:

Mi agradecimiento infinito a Leon Krauze y Héctor Raúl Solís por ser cómplices en la presentación de Obama Latino; a Ernesto Núñez, Hugo Martínez McNaught, Ana, Diego Osorno y Raymundo Riva Palacio por haber viajado a Guadalajara y acompañarme en este día. A Héctor Raúl y a Xóchitl por la deliciosa cena esa misma noche y a Víctor Hugo Bernal por ser un anfitrión divertido y generoso; A Rosario Cruz por su compañía y a los queridos Zirahuen y Lucy por ayudarme a recordar y redescubrir a la familia.

A J Alonso Torres y a Valencia por su camaradería; Eilleen Truax, con admiración a su energía y compromiso con la causa latina; Juan Carlos Magallanes y a Falcón por correr la voz, y a toda la banda Etiqueta Negra: el Chino Chang, Marco Avilés, Carlos Paredes, José Alejandro Castaño; al entrañable Juan Pablo Meneses y a Alejandro Almazán por su intensidad.

W

 

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