Convención Republicana: Bush vía satélite.

 

 

Aclaman a Bush via satélite.

 

 

republican convention

Por Wilbert Torre.

Saint Paul. – La bandera de los Estados Unidos ondea en pantalla digital que dispara escenas de soldados en guerra, la Estatua de la Libertad y las ruinas del World Trade Center. Más tarde la misma imagen líquida proyecta el rostro del presidente George W. Bush, que no ha tenido que venir a la convención republicana para jugar su última carta de líder máximo del Partido Republicano.

“Vivimos en un mundo peligroso”, dice en un tono catastrófico, antes de liberar la parte central de una argumentación combativa: “Necesitamos un presidente que haya aprendido las lecciones del 11 de septiembre. Debemos permanecer a la ofensiva, evitar los atentados antes de que sucedan y no esperar a que ocurra uno nuevo para actuar”.

Un día antes había cancelado su visita a Saint Paul, pero la noche de ayer George W. Bush estuvo en la convención republicana, gracias a la magia de la tecnología. Vía satélite dijo que en el contexto de ese mundo lleno de peligros, sólo hay una opción para los Estados Unidos en las elecciones de noviembre.

“El hombre que necesitamos es John McCain”, exclamó y las gradas adormecidas de la arena despertaron de súbito. Dijo que tiene confianza de que a la hora de votar los electores valorarán “el juicio y la experiencia” de los candidatos. La delegación de Texas lanzó sus sombreros al aire. Bush recibió aplausos de pie.

Hay comienzos tardíos que pueden resultar fatales. La convención republicana inició un día después de lo previsto, desdibujada por el huracán Gustav y el imprevisto arribo de una tormenta política perfecta: la revelación de que la hija de 17 años de Sarah Palin, candidata a la vicepresidencia de McCain, está embarazada. Un golpe que puede sacudir las consciencias más conservadoras del Partido Republicano.

Por si eso no fuera suficiente, los republicanos se desayunaron ayer con un plato agrio: las encuestas mostraban que después de varias semanas de permanecer casi empatados, Barack Obama se separaba cinco puntos de McCain.

Malas noticias para los republicanos, que desde temprano formaban largas filas para entrar a la sede de la convención, convertida en una fortaleza de bardas de acero y miles de policías metidos en uniformes estilo Terminator.

En la entrada principal, como si se tratara de una coincidencia trágica, se levantaba la estatua de Herb Brooks, el legendario entrenador del equipo de Hockey de los Estados Unidos que hizo la hazaña de ganar el oro en las Olimpiadas de 1980, derrotando a la Unión Soviética. Al pie de la efigie que recibía a los republicanos se leía una frase: “¿Crees en los milagros?”

Rosario Marín nació en México y fue tesorera de los Estados Unidos. Ayer fue una de las oradoras que antecedieron al discurso del presidente George Bush: estaba ahí para dar la batalla por el Partido Republicano, sin importar que luciera maltrecha.

-¿Qué te pasó Rosario? Le preguntó uno de sus compañeros de partido al observar las rodillas vendadas de Marín.

-Es de tanto rezar por McCain. Me fui de rodillas a La Villa.

La noche fue de John McCain: Una larga lista de oradores desfiló por el escenario para enaltecer su pasado de héroe. Hubo remembranzas de soldados muertos, gritos de “¡USA-USA!”, letreros de “veteranos por McCain”, y aplausos de pie a los veteranos de varias guerras.

La convención finalmente había comenzado, y arengados por el presidente Bush, los republicanos estaban en pié de guerra.

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