La convención que mutó

       en talk show

Palin

TEXTO WILBERT TORRE • ENVIADO

El Universal

Jueves 04 de septiembre de 2008

SAINT PAUL, Minnesota.— Por unas horas la convención republicana —y quizá el país entero— mutó en un talk show cuya protagonista, heroína y villana a la vez, era Sarah Palin, la compañera de fórmula de John McCain.

El Excel Energy Center, sede de la convención, se convirtió en el escenario principal del último melodrama estadounidense. En un desafío de ubicuidad, Sarah Palin aparecía replicada por noticiarios televisivos, programas de radio, pósters, camisetas, pins y las primeras planas de los diarios, mientras los estadounidenses devoraban el último de los escándalos públicos del país, incubado en el hogar conservador de la candidata a la vicepresidencia del Partido Republicano.

El tema que provocaba encendidos debates era el embarazo de cinco meses, no de la señora Sarah Palin, una ex reina de belleza que suele lucir un conservador peinado de bibliotecaria, sino de Bristol, su hija de 17 años.

Eso fue suficiente para que el país entero se entregara a la misión de escudriñar el hogar de los Palin desde todos los ángulos para después opinar sobre los temas que tanto fascinan como incomodan a los estadounidenses: sexo, valores familiares, abstinencia, moral, feminismo y embarazos tempranos.

McCain, el virtual candidato del Partido Republicano, se convirtió en una desdibujada figura secundaria ante el torrente formado por la “palinmanía” que invadió a la arena deportiva.

En un pasillo del piso principal se paseaban tres señoras en entradas en la cincuentena que vestían unas camisetas blancas que, juntas, formaban la siguiente frase: “Las mamás-confían-en McCain”. Kendal Unrah, una delegada por Colorado, vestía un conjunto vaquero y un sombrero tejano tapizado de pines que decían: “soy adicta a Palin”, “Dios es pro-vida” y “Dios y pistola son la fuerza de Palin”.

Además de ser una cristiana conservadora, la señora Sarah Palin juega hockey y es un miembro activo de la Asociación Nacional de Rifle de Estados Unidos.

Pero ayer Palin sólo era un blanco solitario de las opiniones y los juicios que provenían de un coro formado por las voces más disímbolas.

“Creo firmemente que las madres deben quedarse en casa a cuidar a sus hijos”, decía Unrah, la delegada del sombrero con afiches en favor de Palin, abrazando a su hija de siete años. “Soy conservadora y creo en la abstinencia”.

Marian Miller, una delegada que asiste a su octava convención republicana, opina que todo es culpa de los medios estadounidenses que montan un circo con la vida privada de las personas.

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