La Estatua de la Libertad

 

Tarde de tormenta en NY

Tarde de tormenta en NY

La dama más popular de NY

TEXTO WILBERT TORRE/El Universal

Domingo 13 de agosto de 2006

 

NUEVA YORK.- Cada vez que un plan terrorista es descubierto, de manera natural turistas y neoyorquinos se preguntan qué pasará con la estatua de la Libertad. ¿Su corona de siete rayos volverá a ser algún día la ventana desde dónde asomarse a la bahía? Hasta ahora la respuesta es un rotundo no que entristece a miles de visitantes que, sin embargo, ahora más que nunca han colocado en primer lugar al monumento de origen francés en los sondeos de popularidad de Estados Unidos.

Todos los días cientos de visitantes hacen fila para visitarla (con boleto pagado) y miles asfixian las butacas y los pasillos de los ferrys gratuitos que usualmente trasladan estudiantes y trabajadores que viajan entre Manhattan y Staten Island, y que en los últimos años han mutado en plataformas repletas de visitantes. Una soleada tarde de agosto, el Ferry Spirit of América, un acorazado naranja con capacidad para trasladar 6 mil pasajeros, llevaba a bordo a unas 2 mil 500 personas.

Varios cientos iban armadas con cámaras diminutas y algunas con unos lentes enormes que en distintos momentos enfocaron a menos de 20 metros de distancia a la estatua de la Libertad, a Elly Island, el museo que reseña la historia de la inmigración a Nueva York, y también a la clásica postal de rascacielos y edificios grises del distrito financiero de Manhattan.

Cuando el buque tocó tierra en Staten Island 25 minutos más tarde, menos de trescientas personas, casi todas ellas estudiantes y trabajadores, se dirigieron a las puertas de salida de la terminal. Las otras 2 mil restantes caminaron hasta la sala de espera y regresaron en el mismo buque a Nueva York.

La estatua de la Libertad es un obsequio del gobierno francés que se erigió en la bahía neoyorquina en 1886 y desde entonces es uno de los símbolos más universales de la libertad. Tras los ataques terroristas de septiembre de 2001 fue cerrada por motivos de seguridad y reabierta a finales de ese año con modificaciones sustantivas: La corona de la Dama de la Libertad, que sirvió durante 100 años como ventana de avistamiento, fue cerrada porque sus escaleras, demasiado estrechas, representaban un peligro inminente en caso de que se presentara una evacuación de emergencia.

Las alteraciones ocurridas tras el 9/11 resultaron, sin embargo, en algunas ventajas: los turistas que antes escalaban hasta la corona, con una vista limitada de la bahía, ahora pueden ascender hasta un observatorio “con vistas monumentales de Nueva York y Nueva Jersey”, según describe la oficina de Parques Nacionales. Se han producido varios intentos para reabrir la corona de la estatua de la Libertad, pero todos han fracasado, incluido algunas acciones encabezadas por congresistas.

“Vine desde Singapur para escalar hasta la cima de la estatua y estoy frustrada por no poder hacerlo. Me parece un fraude. Si no puedo llegar a sus entrañas me conformo con verla a la distancia, en una mejor vista”, dijo una turista asiática que tomaba fotografías de su novio, desde la plataforma del ferry que une a Manhattan y Staten Island.

 

 

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