Día de Muertos en NY

Ofrenda de día de muertos, Museo del Barrio, en el Spanish Harlem de Manhattan

Ofrenda de día de muertos, Museo del Barrio, en el Spanish Harlem de Manhattan

 

 

 

 

 

 

 

 

Pan de muertos neoyorquino

Wilbert Torre

El Universal

Jueves 02 de noviembre de 2006

NUEVA YORK.- La iglesia de Saint Marks, en el corazón del mítico Greenwich Village, tiene un modesto panteón con lápidas en un jardín descubierto que ayer olía a incienso y flor de cempasúchil.

Un neoyorquino se arrodilló y, en medio de un borrego de azúcar y una flor color calabaza, colocó la fotografía de un amigo entrañable: “¡Gracias por todo, Calisco!”, escribió sobre el marco que reflejaba la cara de un gato moteado, que parecía sonreír.

Una mujer depositó un chocolate y en un papel amarillento garabateó a una amiga que ya no pudo ver: “Lo siento, no pude llegar a decirte adiós. Nos vemos en la otra vida. Con amor, Wolfie”.

Nueva York está lleno de fantasmas mexicanos, miles que no existen en este país porque no tienen documentos, pero ayer la Gran Manzana recibió a otro tipo de espectros: Las catrinas y las calaveras de cartón y azúcar que bailaban en los altares de un Día de Muertos con tonalidades neoyorquinas.

“Cuando tenía seis años, la abuela Ricarda me hincaba en el altar y me decía: Vamos a cenar con nuestros muertos. Ahora, cuando le prendo una veladora en mi departamento de Alphabet City, platico con ella”, cuenta Margarita Larios, una mexicana chaparrita, morena clara y de cejas delineadas que llegó hace 32 años a Nueva York.

Era madre soltera de seis hijos y dice que antes de comprar los muebles de la casa, lo primero que hizo fue levantar un altar para el Día de Muertos.

Así que un día, cuando los mexicanos comenzaban a poblar Manhattan, mandó traer flores de cempasúchil, pan de muerto y dulces de azúcar. Fue el inicio de varias décadas a través de las cuales Margarita Larios ha batallado para que las tradiciones mexicanas entren por cualquier puerta de Nueva York.

Ayer estaba en la Iglesia de Saint Marks. Tiene 56 años y doce nietos que nacieron aquí. Ella nació en Puebla y en Nueva York ha fundado casi todo lo que huele a México: La Asociación Tepeyac, la Academia del Mariachi, y Mano a Mano, una agrupación dedicada a promover las raíces mexicanas en Estados Unidos.

Al mediodía del miércoles, Margarita Larios recibió a un grupo de alumnos estadounidenses que iban con Kevin Toledo, un maestro que llevó a sus niños para que conocieran la tradición.

¿Para qué es todo este humo?, preguntó una niña rubia. “Es incienso para enseñar el camino a nuestros muertos”, dijo Margarita Larios. “¿Y las flores?”, preguntó otro niño. “Son del Lago de Texcoco. En estos días los campos están llenos de flores amarillas”. ¿Y la comida?, quiso saber un tercero “Es para nuestros muertos. Les ponemos dulces, pan, mole, cacahuates y hasta su tequilita. Y luego nos sentamos a platicar con ellos”.

El altar era de tamaño mediano y colorido. Estaba cubierto por cientos de flores de cempasúchil, dulces de azúcar y panes de varios tamaños. Arriba estaba la fotografia de una mujer linda: Mayra Yesenia Noguero. Era la ofrenda para las Mujeres de Juárez.

Leonardo Anzures, un actor mexicano de 27 años, encendió una veladora que hace dos días trajo el cantante Obie Bermudez para recordar a su abuela.

Margarita Larios salió de la Iglesia: ha levantado altares en Brooklyn y Manhattan, y se iba a preparar otro que terminará mañana en el barrio mexicano de Harlem.

“Me esperan mis muertos para platicar”, se despidió.

 

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