Milagros, Brooklyn, Virgen de Guadalupe…

 

 

El Juan Diego de Brooklyn

 

 

virgen_de_guadalupe

 

WILBERT TORRE . CORRESPONSAL

El Universal

Martes 12 de diciembre de 2006

 NUEVA YORK.- Juan Diego vive en Brooklyn, en el quinto piso de un viejo edificio. Lleva por nombre Miguel Pérez (aunque nadie lo llama así) y es un poblano nacido en Chinantla. El pelo lacio y un bigote delgado como dibujado a lápiz han llevado a sus vecinos a rebautizarlo como el indio que subió al cerro del Tepeyac y bajó con el rostro de la Vírgen de Guadalupe tatuado en un lienzo de manta.

Como Juan Diego, Miguel Pérez jura que la Virgen de Guadalupe le hizo un milagro. Tal vez sólo le devolvió un poco de la generosidad que ha tenido con ella en 22 años, durante los cuales ha organizado (pobre o con unos buenos dólares en el bolsillo, sano y moribundo) el Maratón Guadalupano de Nueva York.

En vísperas de la carrera, él, su esposa Marina y su cuñado Lucio Modesto muelen 40 kilos de chile, cacahuate y chocolate para cocinar el mole poblano con el que agasajan a más de mil personas que cada diciembre abarrotan la Iglesia de la Natividad en Manhattan para recibir a los corredores guadalupanos.

Han preparado ese banquete cada diciembre, durante dos décadas, con o sin dinero.

Miguel Pérez vive en un departamento pequeño y modesto en donde cuida a cinco de sus veinte nietos. Varias veces al día se detiene en una esquina, hace una reverencia y habla con dulzura. “Mamita, ya se acerca tu día y cuando ese día llegue estarás hermosa”, le dice a una Virgen de Guadalupe flanqueada por un Cristo y una bandera mexicana.

Hace más de 30 años emigró escapando de la pobreza. Llegó a Nueva York y lo primero que hizo fue levantar un altar a la Guadalupana. Un día lo visitaron unas mujeres y así nació el Maratón Guadalupano.

Fue en 1984. Había otras carreras, pero no admitían muchachas, sólo hombres, y quien sabe por qué extraños designios, además debían ser solteros. Las mujeres le dijeron que querían ofrecer una devoción a la Virgen de Guadalupe.

Miguel Pérez se fue a ver al padre Miguel en la Iglesia de San José Patrón, en Brooklyn. “Padre, quieren correr unas muchachas y son devotas de la Virgen”, le dijo. “Con todo gusto, yo les doy la luz”, recuerda que le respondió el sacerdote Miguel.

Ese diciembre corrieron 18 mujeres y cuatro hombres. Miguel Pérez continuó haciendo la carrera todos los años y el Maratón Guadalupano se hizo tan famoso que hasta lo anunciaban por la Máquina Musical, una estación de radio.

Al inicio corrían sólo mexicanos, pero con el paso del tiempo se sumó gente de Guatemala, Ecuador, Perú y la República Dominicana.

“No importan los sacrificios. Ese día se me abre el corazón cuando veo a nuestra morenita allá arriba, cubierta por cientos de flores en una carroza”, dice Miguel Pérez, sentado en la sala de su casa. En 2001, el año en que derribaron las Torres Gemelas, sucedió algo que al paso de los años ya alcanzó el rango de milagro.

Miguel Pérez estaba cerca de las torres y aspiró aire contaminado. Le dio pulmonía y lo internaron en el hospital Belleveu de Manhattan. Estaba tan grave que los médicos casi lo deshauciaron.

Un médico le dijo a su esposa Marina que tratarían con una última medicina. Miguel Pérez apenas podía abrir sus ojos. Recuerda que cuando estaba solo pensó en la Virgen y le dijo: “Mamita, dispone lo que tú quieras por mí. Si tú me llevas no va a haber quien te haga tu carrera. No habrá quien la haga como yo”.

“Nomás le dije eso y en la tarde ya estaba mucho mejor. Una semana después salí del hospital. Todos dijeron que era un milagro de la Virgen”.

Sólo faltaban dos semanas para el Maratón Guadalupano y un judío llamado Michael fabricó 700 camisetas con la imagen de la Virgen. Miguel Pérez se fue a verlo, pero no tenía un dólar para pagarle. El judío le dijo que se llevara las camisetas y que luego le pagara. Ya estaban listas las camisetas y el permiso de la policía, pero sin anuncios en la radio y en las calles, nadie correría.

“Ese domingo había unas 20 personas en la iglesia de San José Patrón, una hora antes de que comenzara el maratón. Pensé que la carrera fracasaría. Pero minutos antes llegaron cientos de no sé donde”, dice Margarita Larios, promotora cultural en Nueva York.

Miguel Pérez recuerda que ese año corrieron el maratón más de 700 personas, más que cualquier otra vez. “Fue otro milagro”, recuerda mientras prepara la carrera de este año. Se le ve cansado. Pero dice que seguirá preparando el maratón guadalupano hasta que el cuerpo aguante, o dicho a su manera, “hasta que la Virgen me lo permita”.

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