Nueva York, ciudad de bicicletas

Delivery chino rumbo a la entrega de un pedido de comida

Delivery chino rumbo a la entrega de un pedido de comida

Wilbert Torre

El Universal

Domingo 06 de mayo de 2007

 NUEVA YORK. – Nueva York es un pueblo bicicletero: más de 112 mil personas invaden todos los días sus calles y avenidas repletas de gente. El Departamento de Tránsito regala cascos con la esperanza de reforzar la protección de los bicicleteros y un paisaje de mujeres y hombres que avanzan sobre dos ruedas se multiplica sin descanso: en los vagones del Metro, en el estacionamiento de los estadios de béisbol, en las puertas de los museos y por cientos en los alrededores de las estaciones de trenes y autobuses.

Podría escucharse romántico y barroco, pero es un hecho incontrovertible que Nueva York no podría vivir sin las bicicletas: sin ellas los restaurantes de la ciudad, tanto modestos como sofisticados y costosos, no podrían enviar sus bolsas llenas de comida a los apartementos de los neoyorquinos que los esperan con ansiedad a la hora de la cena.

Sin ellas, el destacado grupo de los policletos de Nueva York tal vez padecería para recorrer los alrededores de Union Square, el Central Park y la Quinta Avenida, en rondines de vigilancia para comprobar que todo vaya bien por esos lugares.

Gracias a las bicicletas cientos de personas pueden encontrar un empleo en Nueva York: hay decenas de tiendas gigantescas, medianas y diminutas dispersas en las calles de Manhattan, Brooklyn, Queens, el Bronx y Staten Island, en espera de que alguna mujer o un abuelo entren a las tiendas a pedir ayuda porque una llanta se les ha ponchado.

Son unos almacenes hermosos y llenos de las cosas más insospechadas: cubiertas plásticas para protegerlas del polvo, cajitas plásticas con líquido e instrumental para pulir las cadenas, ganchos de acero para colgarlas en los techos de los pequeños departamentos de Nueva York, blusas con diseños increíbles para competir y desde luego decenas de bicicletas en venta. Las hay para todos los gustos y bolsillos: baratas, desde 50 dólares y tan caras como un automóvil: La hermosa Madone fabricada por Trek, cuesta 8 mil 249 dólares.

Un pueblo bicicletero como Nueva York tiene una Asociación de Bicicletas, una Coalición de Neoyorquinos en Bicicleta y una Asociación de Mensajeros en Bicicleta. También tiene un mes de la bicicleta: en mayo próximo, el gobierno del alcalde Michael Bloomberg, que no acostumbra trasladarse a su oficina en una de ellas, sino en el Metro, estará celebrando el Festival de la Bicicleta, que se extenderá todo el mes con competencias, talleres y los legendarios tours al Bronx y Brooklyn arriba de una bicicleta.

Conducir una bicicleta en Manhattan además de ventajas a veces también representa privilegios y recompensas: Nelson Vails, un modesto mensajero, ganó fama y una medalla en los juegos Olímpicos de Los Ángeles, en 1984. También suele haber luto por ellas: cada año mueren en calles de Manhattan entre 15 y 20 personas a bordo de una bicicleta.

 

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