Trinkaus, el ojo insólito de Nueva York

Una de las observaciones del Dr. Trinkaus advierte que el 95 por ciento de los niños que se fotografían en Navidad son indiferentes o desconfiados acerca de Santa Claus

Una de las observaciones del Dr. Trinkaus advierte que el 95 por ciento de los niños que se fotografían en Navidad son indiferentes o desconfiados acerca de Santa Claus

El Universal

Por WIlbert Torre

NUEVA YORK.- John Trinkaus fue quizá el primer Big Brother de Manhattan y sus habitantes. Desde hace tres décadas, Trinkaus, un abuelo de 79 años que es maestro de la Escuela de Negocios del Colegio Baruch de Nueva York, ha realizado más de 100 estudios sobre el comportamiento cotidiano de los neoyorquinos.

Sólo que en vez de analizar las fobias y paranoias de personajes que podrían ser extraídos de películas de Woody Allen, Trinkaus se ha ocupado de cosas en apariencia frívolas, pero igual de importantes a la hora de analizar la conducta de los habitantes de esta isla asfixiada por 8 millones de personas.

Un día cualquiera, Trinkaus, un hombre alto, de complexión mediana y cabello cano y alborotado, asistió a una iglesia y observó que una mujer encendía una vela para rezar y se marchó sin pagar la colaboración que la iglesia solicitaba.

¿Qué hizo? Trinkaus asistió durante semanas a un templo ubicado en la calle 33 de Manhattan, a espaldas del Madison Square Garden, la inmensa arena del espectáculo neoyorquino, y mutó en un empecinado y silencioso observador de las mujeres que se hincaban a rezar: descubrió que sólo 28% de ellas pagaban el dinero que la iglesia pedía, antes de dar gracias a Dios, persignarse y abandonar el templo.

La obsesión de Trinkaus por observar las actitudes diarias de los habitantes de Nueva Cork comenzó en 1978, cuando era parte de un grupo de jueces que calificaban una competencia de nadadores.

A lo largo de la semana que desempeñó esa función, a Trinkaus le llamó la atención la actitud de 90% de los jueces: en lugar de observar con detenimiento a los competidores y sus técnicas, miraban a los asistentes en las gradas, el techo, a los empleados de la arena deportiva y hasta el agua que formaba pequeños charcos. Lo observaban todo, menos a los competidores.

Al final de su función de juez, escribió su primer estudio sobre el comportamiento de los jueces neoyorquinos en esas competencias.

Poco después, Trinkaus se instaló en un cruce peatonal durante días y comprobó que la mayoría de las mujeres que conducían camionetas no respetaban la señal roja del semáforo y escribió otro estudio académico sobre ese tópico.

“Desde muy joven tuve una inclinación por observarlo todo y hace unos 30 años decidí que serviría de algo observar las conductas de la sociedad”, explica Trinkaus en su cubículo del Colegio Baruch. La oficina está en orden y por ahí está un reconocimiento que recibió hace un par de años: el Antipremio Nobel que se entrega en Harvard, en reconocimiento a investigaciones y descubrimientos que son extraños, ridículos o extravagantes, pero que nos hacen reír y pensar.

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