McCain, del abismo a la gloria

Para entender a John McCain es preciso comprender todo lo que vivió como prisionero de guerra, escribió alguna vez David Foster Wallace

Para entender a John McCain es preciso comprender todo lo que vivió como prisionero de guerra, escribió alguna vez David Foster Wallace

 

WILBERT TORRE • CORRESPONSAL El Universal

Domingo 03 de febrero de 2008

 Hace varios meses John McCain cenaba en una hamburguesería barata y dormía en un hotel sin estrellas de New Hampshire. Su candidatura languidecía tanto como sus fondos de campaña. Perdió a la mayoría de su equipo, pero continuó un paseo solitario por pueblos de Estados Unidos en su autobús, “El que habla derecho”, para reunirse con pequeñas comunidades.

Luego decidió cambios de estrategia para enfrentar las primarias de enero. Comenzó a ganar y el aspirante menospreciado mutó en el candidato puntero que ayer esperaba el supermartes como es natural: en un mitin con miles de simpatizantes en un pueblo remoto de Tennessee.

Cuando hace dos meses nadie se atrevía a apostar 10 dólares a que McCain ganaría la nominación, hoy casi nadie puede pensar en que no será el candidato republicano que contenderá contra Hillary Clinton o Barack Obama.

Y si obtiene la candidatura, como todo indica, entonces se cumplirán varias ironías: McCain habrá triunfado en la contienda republicana sin el voto de los republicanos, echará por tierra la creencia norteamericana de que los perdedores no tienen segundas oportunidades (fue derrotado por George W. Bush en las internas de 2000) y demostrará que en Estados Unidos es posible ganar elecciones en la condición más cercana a la quiebra financiera.

La anécdota de la hamburguesería es recordada por David Brooks, un columnista de The New York Times, como un ejemplo de varios factores que permitieron a McCain resucitar cuando todos lo daban por muerto: “Ganar la candidatura parecía la última estación de un largo recorrido, pero McCain estaba contento de ir a pequeños mítines a hablar con la gente. No había amargura en él, ni desesperación por cambiar las cosas”.

Quienes lo han acompañado en esta aventura descifran algunas claves para entender el espectacular regreso de McCain: una relación honesta y casi íntima con los electores —construída a partir de recorridos por pueblos remotos que dejaban exhaustos a los reporteros—, su terca persecución de adhesiones vitales y tan distintas como las del ex alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani, el gobernador californiano Arnold Schwarzenegger y el actor Silvester Stallone, y, lo más importante, nunca darse por vencido.

Pueden citarse algunos cambios vitales de estrategia: McCain no cayó esta vez en el territorio riesgoso de la guerra verbal en la que se enfrascó con Bush hace seis años, fue consistente al cultivar a los votantes independientes, modificó algunas de sus posiciones más controvertidas como en la reforma migratoria para atraer a los sectores más radicales del partido y, sobre todo, continuó viajando por el país cuando su campaña hizo tanta agua como para obligarlo a despedir a la mayoría de su equipo.

McCain nunca dejó de creer en él mismo y hoy se encuentra en el umbral de la candidatura: “Está en una posición tremenda para ganar y será el nominado de facto del Partido Republicano después de las elecciones del supermartes, pronosticó Rick Davis, director de la campaña de McCain, en un memorándum interno previo a las internas del 5 de febrero.

Entrevistado sobre el ascenso del senador por Arizona, Michael P. McDonald, experto en elecciones en The Brookings Institute, dice que las condiciones internas en el Partido Republicano en 2000 y 2008 son similares y que la clave está en que McCain apostó al voto de los independientes como apoyo inicial y luego construyó una estrategia que le permitió ganar el voto de los grupos no tan conservadores y se benefició de candidatos como Mike Huckabee, que dividieron a la base republicana.

“Hoy está a punto de consumar el milagro de levantarse con una candidatura republicana sin el apoyo del grueso de los republicanos”, opinó McDoland. Mientras, Davis anticipaba que luego del supermartes McCain habrá ganado tantos delegados que su posición será inalcanzable.

Ayer las televisoras mostraban a McCain en Tennessee rodeado por decenas de reporteros y fotógrafos y miles de simpatizantes. Sigue comiendo hamburguesas, cuentan sus asistentes, pero hoy su mesa está llena de invitados y sus finanzas, si bien no son comparables a las de Mitt Romney, han cobrado fuerza suficiente como para evitarle dormir en más hoteles de paso.

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