Entre libros y obituarios.

Christopher Lehmann-Haupt

 

Perfil publicado por El Universal de México.

 

Christopher Lehmann-Haupt:

una vida entre libros (y obituarios)

Por Wilbert Torre.

Nueva York.- Hay lectores voraces que pueden terminar un libro grueso en un dos días. Existen países en donde el promedio de lectura por persona es de un par de libros al año. Christopher Lehmman-Haupt se queja de no poder seguir las letras con más rapidez. “Soy un lector demasiado lento”, dice con tristeza, aunque un cálculo de los libros que han pasado frente a sus ojos sugiere lo contrario: tres cada semana, alrededor de 150 por año, durante casi cuatro décadas.

Lehmman-Haupt fue editor en jefe de la sección diaria y el suplemento dominical dedicado a la crítica de libros en The New York Times entre 1965 y 2001. Según su cuenta, en ese lapso escribió más de 5 mil críticas sobre libros escritos por toda clase de autores, afamados y pasajeros, en todos los campos: pesca de truchas, arqueología persa, psicología, biografías políticas y novelas que han vendido millones de dólares.

La industria de los libros en Nueva York es un monstruo capaz de colocar cada semana 200 nuevos libros en los estantes de librerías que ocupan edificios de cinco pisos . Entre los autores y el público siempre están las opiniones de los críticos de The New York Times, una especie de pastores guía de los lectores americanos.

“Durante décadas me impuse como disciplina no pensar en mi poder e influencia, que en realidad estaba limitada a ciertos autores y libros”, dice Lehmman-Haupt, un hijo de inmigrantes alemanes y escoceses alto, sonrosado y una melena impecable de cabello blanco.

Lehmman-Haupt ha trabajado en el campo de los libros toda su vida y recuerda algunos pasajes trascendentes.

Por ejemplo, cuando era un principiante de 27 años que trabajaba para la compañía Hult Rinehart and Winston, no pudo convencer a sus jefes de pagar 10 mil dólares por media página de anticipo de un proyecto de libro que le presentaron dos escritores entonces desconocidos: Larry Collins y Dominique LaPierre.

“El libro era “¿Arde Paris?” y poco después se convirtió en un fenómeno que vendió 8 millones de dólares”, Lehmman Haupt sonríe y muerde un sandwich de jamón y queso en una cafetería neoyorquina.

En 2001 decidió parar de escribir críticas de libros porque no deseaba que la calidad de sus sugerencias decreciera. Entonces aceptó una propuesta del periódico: convertirse en editor en jefe de la celebrada sección de obituarios, que todos los días reseña en The New York Times las vidas de los muertos recientes que fueron celebridades y personajes destacados en la historia contemporánea de los Estados Unidos. Lehmman-Haupt esperaba encontrar en los obituarios un remanso después de vivir obsesionado con la lectura de libros, pero todo fue muy diferente. “Es una locura.

Hay miles de obituarios en curso. Hace 2 años descubrimos que no teníamos nada escrito sobre Jimmy Carter y comenzamos una dura tarea de investigación y recopilación de anécdotas y hechos relevantes en la vida del Presidente”. Escribir obituarios supone una tarea exigente y a veces dolorosa.

Por ejemplo, con regularidad Lehmman Haupt toma el teléfono para hacer citas con personajes y algunos son amigos cercanos. Los cita para entrevistarlos y obtener información para escribir sus historias el dia que mueran.

“Hace no mucho tiempo mi hermano regresó de un viaje de visita a un viejo amigo, Ken Kesey (autor de Atrapado sin Salida). Mi hermano me dijo: Ken me pidió decirte que te apresures a terminar su obituario, porque no tendrás mucho tiempo”. Kesey murió semanas después.

Lehmman Haupt dice que no echa de menos escribir críticas de libros para el Times. “Escribir obituarios es lo mismo, sólo que en lugar de revisar libros revisas la vida de las personas”, dice Lehmman-Haupt, que en la primavera de 2006 entrevistó a varios personajes neoyorquinos para escribir obituarios que estarán almacenados en su computadora hasta el día que deba hacer la revisión final. Es decir, el día en que un actor, un escritor, un artista o un político muera.

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