Ali, el mago de los regresos.

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Wilbert Torre

El Universal

Miércoles 17 de enero de 2007

 

´El más grande´ recordado, entre otras cosas, por haber renunciado a Vietnam

 

NUEVA YORK.- A los cinco años, Casius Clay dijo a su padre: “Voy a la tienda y el dueño es blanco. Voy a la farmacia y el farmacéutico es blanco. ¿Qué hacen los negros?

Varios años después, convertido en Mohammed Ali, llevó mucho más allá de la cuestión racial su rebelión: desafió al gobierno y a la mayoría de la sociedad estadounidense rehusándose a pelear en Vietnam.

“Tres meses después de haber derrotado a Floyd Patterson empezó su combate con el gobierno de Estados Unidos”, escribió David Ramick en El Rey del Mundo, una de las mejores biografías sobre Ali.

Si había vencido a Patterson contra todos los pronósticos, ¿de qué no sería capaz el negro guapo de Louisville? Ali era capaz de todo y cuando algo en verdad complicado se le aparecía, lo que lograba sacarlo a flote era esa espontaneidad suicida que le destacaba.

Así ocurrió en el caso de Vietnam: lo que comenzó como una frase accidental se convirtió, con el tiempo, en una declaración de principios que le ganó enemigos en Estados Unidos y simpatías en el extranjero.

“No voy a luchar con el vietcong ese”, responidó Ali a un reportero deportivo, cuando la prensa lo asediaba con preguntas sobre la guerra, el presidente Johnson y el servicio militar.

Las palabras de Ali fueron recogidas por varias televisoras y periódicos de todo el país. Apenas se publicaron, provocaron reacciones virulentas de la mayor parte de la sociedad estadounidense que veía con simpatía la guerra.

Lo que sucedió en los meses siguientes sacudió a Estados Unidos: Ali, quien desconocía dónde se localizaba Vietnam, comenzó a estudiar el tema, mientras su posición incomodaba abiertamente al gobierno. Ali, por principio de cuentas, perdió su pasaporte.

Fue en ese tiempo cuando formuló a un reportero una de esas declaraciones que lo hicieron tan famoso.

“¿Cómo se atreven a pedirme que viaje a 15 mil kilómetros de casa a bombardear y pegarle tiros a los vietnamitas amarillos, mientras a los llamados negros de Louisville se les trata como a perros? Si yo supiera que con ir a la guerra conseguiría la libertad y la igualdad para mis 22 millones de compatriotas, no tendrían que llevarme a la fuerza”.

En otra ocasión, Ali declaró: “No tengo nada que perder por seguir lo que me dicen mis pensamientos… Hemos estado presos 400 años”.

El 28 de abril de 1967, Ali fue convocado a comparecer ante la Oficina de Admisión de las Fuerzas Armadas, a cuyas puertas se empujaban decenas de personas que coreaban consignas en favor y en contra de Ali.

A la hora decisiva, un oficial siguió el ritual militar de pronunciar el nombre de cada uno de los reclutas, tras lo cual, éstos debían dar un paso al frente que significaba su ingreso al Ejército de Estados Unidos.

Cuando tocó el turno a Ali, el oficial lo llamó por el nombre de Cassius Clay. Ali permaneció inmóvil en su sitio. Lo llamó una segunda vez, esta vez bajo el nombre de Ali, pero nada cambió y siguió impávido.

Poco después, Alí escribió una declaración en la que dijo que se negaba a ingresar al Ejército, porque consideraba que debía estar exento, dada su condición de ministro islámico. Ali fue condenado a cinco años de cárcel y una multa de 10 mil dólares. Optó por defender lo que creía, aunque eso le costó millones de dólares y el campeonato mundial.

EU perdió la guerra y Alí tres de sus mejores años, pero su regreso fue grande: recuperó el cetro noqueando a George Foreman en 1974.

 

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