Presentación del libro Obama Latino.

portada final obama

Esta es una breve presentación de Obama Latino, mi primer libro. La idea de escribirlo surgió cuando conocí a Cuauhtémoc Figueroa, un Mexicoamericano de tercera generación nacido en California, miembro de una familia de activistas y luchadores sociales. Figueroa, de 45 años, tuvo su primera misión sindical a los seis años, cuando se hizo cargo de suministrar agua a un grupo de campesinos que cumplían una huelga de hambre a las puertas de un supermercado americano. Varias décadas más tarde, Figueroa fue convocado a sumarse a la campaña de un negro carismático llamado Barack Obama y recibió una misión extraordinaria: cumplir los deseos del candidato de que su campaña en busca de la nominación demócrata fuera movilizada por un auténtico movimiento ciudadano compuesto por millones de personas. Figueroa entrenó a miles de organizadores que después prepararon a millones de voluntarios utilizando los mismos métodos de lucha y organización que cuarenta años atrás empleó el legendario César Chávez para levantar en lucha a miles de campesinos que bajo el grito de iYes we can! (Sí se puede) desafiaron a la poderosa industria de la uva. Este es un relato detrás de escenas acerca de cómo fue creado el ejército de millones de personas que movilizaron la campaña de Obama y la manera en la que Figueroa, nombrado más tarde jefe del voto latino, movilizó a miles de hispanos hasta lograr la verdadera hazaña de que millones de latinos votaran por un candidato negro en bastiones republicanos como La Florida.

 

 

 

 

Hola a todos. Gracias por su tiempo, su paciencia y por acompañarme en esta nueva aventura, la de escribir un libro y compartirlo con quienes se interesen por asomarse a él.

Siempre desee escribir un libro, pero más que el drama de una página en blanco, lo que me angustiaba era no encontrar la historia que siempre desee contar. Con Obama Latino encontré esa historia, y ahora lo que no sé es si he sabido contarla con eficacia. No tengo duda de que la historia de fondo es fascinante. Durante quince meses me dediqué a seguir en la campaña de Barack Obama a Cuauhtémoc Figueroa, un mexicoamericano que forma parte de una familia de activistas y luchadores sociales de Blythe, California. Figueroa recibió la encomienda de entrenar a miles de organizadores que después prepararon a los millones de voluntarios que se convirtieron en el motor de la campaña de Obama, y lo hizo recordando su infancia y las batallas de sus abuelos y padres al lado del legendario César Chávez y sus miles de campesinos mexicanos (sí, los mismos que marchaban pronunciando “sí se puede” como un mantra, cuarenta años antes de que Obama lo hiciera), en California. Figueroa decidió emplear las mismas tácticas de lucha y organización del movimiento de Chávez para organizar al ejército de voluntarios de Obama, y para lograrlo hizo todo lo posible. Llegó incluso a localizar y convencer a Marshall Ganz, un viejo compañero de César Chávez –el cerebro detrás de la lucha campesina contra la industria de la uva – de fundar los campos de entrenamiento Obama, en donde ambos entrenaron a miles de organizadores y voluntarios que más tarde tocaron millones de puertas e hicieron millones de llamadas telefónicas para convencer a los americanos de sumarse a una candidatura improbable. Más tarde Figueroa fue nombrado jefe del voto latino, y en esa misión entrenó y movilizó a miles de hispanos para lograr la proeza de despojar a los republicanos de bastiones como la Florida y persuadir a la comunidad latina, siempre reacia a votar por un candidato negro. La historia de Figueroa y el relato sobre el papel esencial que desempeñó en la campaña es un pretexto para abordar algunas lecciones de la histórica elección en Estados Unidos: la forma en la que el equipo de Obama pudo transformar el entusiasmo de millones en movimiento y acción, y la manera en la que el entramado de la elección, secuestrado en las últimas décadas por una parafernalia monstruosa formada por algunos poderosos medios de comunicación, los partidos políticos y campañas mercadotécnicas soportadas en millones de dólares, regresó de alguna forma a la raíz de los procesos electorales con la decisión de poner en manos de los electores la parte fundamental de la movilización y participación en la campaña. Aquí debajo encontrarán una presentación de Obama Latino. Más tarde, la próxima semana, podrán leer aquí resúmenes de los 13 capítulos del libro. Un abrazo.

Presentación del Libro:

Obama Latino: ¿Podrá gobernar sin nuestro apoyo?

Publicado por Editorial Jus

De qué trata:

Es la historia detrás del ejército de millones de personas que se convirtió en el poderoso motor de la campaña de Barack Obama, inspirado en las tácticas de lucha y organización empleadas por César Chávez, el legendario líder mexicoamericano que llevó a la lucha a miles de campesinos para desafiar a la poderosa industria de la uva en los campos de California, en los años sesenta. En una época en la que los ciudadanos asisten a las urnas para votar en blanco en protesta contra unos partidos políticos que cada día parecen más negocios con filias e intereses particulares o familiares, Obama Latino narra la historia detrás del movimiento ciudadano que llevó a la presidencia a Barack Obama, una comunidad de millones de voluntarios que aportaron miles de horas y millones de dólares para impulsar una candidatura improbable. El libro presenta una crónica del voto latino en la elección de noviembre de 2008; es una ventana a las enormes consecuencias que la organización de los hispanos tendrá en la política de Estados Unidos en el futuro inmediato, y un anticipo a lo que puede esperarse de una presidencia conectada por medio del Internet y movilizada en las calles.

Contenido:

El libro está dividido en 13 capítulos y un epílogo.a ganado la presidencia de Estados Unidos sin el movimiento ciudadano que logró transformar en acción y votos el entusiasmo generado por su candidatura en Internet. Una vez que ganó las elecciones Obama comenzó a apoyarse decididamente en el ejército de millones de personas que fueron los brazos de su campaña y que ahora se reagrupan en Organizing for America, una institución creada para apoyar la agenda del nuevo gobierno. Para hacerlo han comenzado a replicar las mismas tácticas que emplearon en la campaña: hacer millones de llamadas telefónicas y tocar cientos de miles de puertas para buscar el apoyo de los americanos a las reformas y los programas de gobierno. Esa movilización ciudadana será clave para hacer avanzar algunas reformas pospuestas por años, como la reforma migratoria y la reforma de salud, ambas vitales para la comunidad latina de los Estados Unidos.

Personajes y pasajes sobresalientes:

Cuauhtémoc Figueroa es un mexicoamericano nacido en Blythe, California, miembro de una familia de activistas, sindicalistas y luchadores latinos. Es invitado a ser director de bases de apoyo electoral de la campaña de Obama a finales de 2006. El equipo estratégico enfrenta un dilema: ¿cómo trasladar a las calles el entusiasmo que hacía confluir a miles en internet y en los mítines? Desde el inicio Obama dijo que deseaba que su campaña fuera un gran movimiento ciudadano abierto a la participación de millones de personas.

Figueroa recuerda las luchas de sus padres en un barrio chicano de California, junto al legendario César Chávez, líder del sindicato de campesinos que derrotó a la poderosa industria de la uva en los años sesenta. Decide llevar a la campaña las tácticas y el espíritu del movimiento de Chávez –que rebasó las luchas sindicales y provocó un sentimiento de orgullo latino– para construir un movimiento social más grande que un aparato político. Si David Plouffe fue el gran ideólogo de los ejércitos de millones de voluntarios y organizadores que movilizaron la campaña de Obama, Cuauhtémoc Figueroa fue el arquitecto encargado de construirlos.

Figueroa llama a Marshall Ganz, maestro en la Universidad de Harvard, el cerebro detrás de la organización del sindicato de Chávez, 40 años atrás. Juntos fundan los Campos Obama y entrenan a miles de organizadores de campo en las tácticas de lucha de Chávez. Después esos organizadores viajan a los estados del país para entrenar a miles de voluntarios: en un movimiento vecino a vecino; apoyados en las redes sociales del internet, se forman los ejércitos de Obama.

La primera prueba para los ejércitos fue Iowa, la elección que inaugura las primarias demócratas. Con una gran movilización ciudadana, Obama derrota en los siguientes meses a Hillary Clinton.

Tras las primarias, Obama designa a Figueroa director nacional de Voto Latino. Su misión: ganar La Florida, Colorado, Nuevo México y Nevada, estados en poder republicano, y considerados dentro de los 10 definitorios en la elección. Figueroa forma un equipo de jóvenes latinos de origen cubano, mexicano y puertorriqueño. Abre oficinas de voto latino hasta en Alaska. Está decidido a abrir nuevos caminos a la victoria de Obama, de manera que no dependa solo de estados como Florida, Ohio o Pensilvania.

La campaña toma una decisión clave: tratar a los vecindarios latinos igual que a las otras comunidades de los Estados Unidos. En elecciones previas los dos partidos habían preferido hacer a un lado a la comunidad latina, a la que no entendían, y se limitaban a colocar propaganda electoral y mensajes televisivos, pero no instalaban oficinas en sus barrios ni enviaban organizadores a convencerlos.

Figueroa funda los campos Obama para latinos y envía a más de 500 organizadores a promover la candidatura de Obama entre los hispanos de varios estados. La campaña invierte ocho veces más lo que se había invertido en anteriores elecciones en el voto hispano Solo en La Florida son invertidos 39 millones de dólares. Los demócratas invierten 20 millones de dólares para registrar nuevos votantes latinos.

Los tres últimos meses de la elección Figueroa moviliza a miles de voluntarios para registrar votantes en La Florida, Colorado, Nuevo México, Ohio, Virginia, Nevada, entre otros estados con población latina. Con una estrategia que llamaron “aprendiendo de Karl Rove”, los estrategas de Obama perfeccionaron el microtargeting de votantes y enviaron a miles de voluntarios a tocar puertas y hacer miles de llamadas a electores que no eran demócratas, pero que podían ser persuadidos de votar por Obama. El registro de nuevos votantes rompe récords en todos esos estados. El mensaje de Obama es revisado y ajustado en reuniones compactas después de las grandes concentraciones.

Figueroa y Steve Hildebrand, los gurúes de la movilización de la campaña, son enviados treinta días antes de la elección a La Florida. Desde ahí dirigen a los ejércitos en otra misión clave: lograr la mayor movilización posible de votantes el día de la elección, algo que solía hacerse con personal pagado de las iglesias y los sindicatos. Ese día seis millones de voluntarios, la población de Paraguay, salen a tocar puertas para llevar a la gente a votar. Obama aplasta en La Florida, catapultado por el voto de los puertorriqueños y nuevas generaciones de cubanos.

El triunfo de Obama significó varios hechos inéditos para el voto latino: votaron 10 millones de hispanos –casi el 10% del total del total de electores– y 25% más que los latinos que votaron en 2004. Obama ganó con un porcentaje histórico: 67 por ciento de los votos latinos. Los latinos contribuyeron a cambiar el mapa electoral de los Estados Unidos. Por primera vez el voto latino votó en bloque y de manera abrumadora por un candidato, un hecho que fue consecuencia de dos cosas: la habilidad de Obama y su campaña para presentarlo ante la comunidad latina como un candidato de perfil multirracial, hijo de una americana y un inmigrante africano.

Tres días después de la elección las organizaciones de inmigrantes que llevaron a las calles las gigantescas manifestaciones a favor de la reforma migratoria en 2005 comienzan a definir nuevas acciones en todo el país para lograr que el nuevo gobierno y el Congreso cumplan su deuda con los latinos y den pasos definitivos hacia una nueva reforma migratoria. Entre los latinos que se han sumado con más decisión a las tareas de presión y cabildeo sobresalen millones de adolescentes que tendrán derecho a votar en la próxima elección.

 
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